Foto: Jorge Alberto Mendoza

Teatro

Teófilo Guerrero


Un teatro que dialogue

Por Rebeca Ferreiro
18 Agosto 2014

Con el Degollado como telón de fondo y personajes involuntarios irrumpiendo (vendedores de flores multicolores, mazapanes, cigarros y cacahuates, hasta el músico trovador entonando los éxitos de Silvio Rodríguez), en un diálogo sobre los retos actuales del teatro en Jalisco y el paradójico apego-rechazo a la ciudad que lo vio nacer, Teófilo Guerrero, egresado de la ahora desaparecida carrera de Técnico en Actuación Teatral por la Universidad de Guadalajara, comparte sus inquietudes como actor, director, profesor, pero sobre todo, como dramaturgo, una de las expresiones artísticas más antiguas aunque también más renovadas en el contexto tapatío actual.

A finales de los 80 Jalisco no atravesaba por su mejor momento en la dramaturgia, ¿por qué estudiarla?
En realidad, yo quería estudiar cine. En ese entonces empezaba el diplomado de Guión y Apreciación, del Centro de Investigaciones y Estudios Cinematográficos (el CIEC) que había fundado el maestro García Riera, pero yo no tenía dinero, así que, en una concepción muy ingenua, pensando que el teatro se le parecía, entré a estudiar teatro. Poco a poco fui viendo grandes diferencias entre ambos lenguajes. Aunque la currícula era de actuación, yo prefería escribir. Sin embargo, por recomendación del maestro Rafael Sandoval estudié además otra carrera para no morirme de hambre. Fui a la escuela de Derecho y aunque era una tortura, la terminé. Ejercí 3 años. Es otra forma de argumentar y aprendí muchísimo, pero terminé por asumir que no me gustaba. Aun así, me consuela saber que Molière, Lope de Vega, Calderón de la Barca y Víctor Hugo Rascón Banda hayan sido abogados y dramaturgos. Soy un necio, en el sentido en que Shakespeare lo entendía, como alguien que está terco a hacer lo que quiere. Por necio me quedé en el teatro a pesar de que lo abandoné cuando nació mi hijo, en 1998, porque, bueno, el niño tenía que comer…

¿Qué diferencias encuentras entre el contexto teatral de principios de los noventa y el actual en Jalisco?
Era más difícil producir, pero más fácil. Paradójico ¿no? Por un lado, no había mucho público formado, era más bien público casual y tampoco había muchos espacios. También es cierto que no había mucha competencia. En cuestión de lenguaje era mucho más estable, más tradicional, tanto para hacerlo como para entenderlo. Pero a partir del 2002 que empiezan a revolucionarse los lenguajes y a aceptar los de otras expresiones, cuando asumimos la renovación del teatro aquí en Guadalajara fue más difícil. Ahora cualquier espacio puede ser teatral, una columna, una bodega o el de las escobas. Es más, el Degollado dejó de ser un espacio teatral. En ese sentido resulta sencillo hacerlo, pero complejo en el sentido de escribir desde el principio con el germen de la acción. Ahora, me congratulo en que Guadalajara poco a poco empiece a dialogar con el resto del país, porque hay un buen momento para el teatro en México.

Entonces, tus personajes en conflicto ¿eres tú hablando a través de su voz?
Tal cual. Es que me gusta que la gente se reconozca en ellos, decirle mira, hablé de ti, o lo que es más importante, hablé contigo. Si yo no voy a poder dialogar con el público, mejor no digo nada. Se trata de hablar a través de lo que conocemos ambos, y si eso es Guadalajara, pues hablemos de ello.

¿Cuáles son las perspectivas que se abren para el teatro en Jalisco actualmente?
Hace falta trabajar en las colonias, ir a los barrios y a las calles a nivel masivo, para que ellos también empiecen a generar su teatro, como está pasando en Lagos de Moreno con el Festival de Monólogos, que aplaudo que no se haya centralizado en Guadalajara. Pero, estoy contento del movimiento que estoy viendo. No me lo llegué a imaginar pero tenía confianza en que pasaría. Empieza a haber públicos. Ahora es posible ver teatros llenos y localidades agotadas. Pasamos por un muy buen momento del teatro para jóvenes públicos, pues se les está tratando como se debe, argumentándoles, no subestimándolos. Lo que ahora le falta a nuestra ciudad son dramaturgos, sin embargo va a llegar el momento en que vamos a ser muchos a pesar de que ahora hay pocos. Tengo confianza en que esto seguirá caminando y de que vamos a quedarnos muchos atrás, pues es una ley de movimiento natural y lógico. A lo mejor un día dejo de escribir teatro porque ya no estoy a la altura del lenguaje que el público necesita. Así que si me veo superado por las circunstancias, voy a estar bien contento de haber aportado y dejar de producir para empezar a ser un buen espectador.



Si yo no voy a poder dialogar con el público, mejor no digo nada. Se trata de hablar a través de lo que conocemos ambos, y si eso es Guadalajara, pues hablemos de ello.
Nota publicada en la edición 800


En su propia voz

Teófilo Guerrero
Escritor y director de teatro




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