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Ciencia y Seguido

Un croata que no fue futbolista, pero más valioso que Messi y Neymar


Por Martha González Escobar
14 Julio 2014

El 10 de julio de este año se cumplieron 155 años de la llegada al mundo de Nikola Tesla, uno de los inventores más fabulosos que ha conocido el siglo XX, y de quien dicen que “casi lo inventó”.

Pero dejemos por un momento a Tesla, para ponernos unas preguntas: ¿Cuántos futbolistas mexicanos somos capaces de nombrar? ¿Cuántos músicos? Seguramente varios; pero ¿podríamos decir el nombre de tres científicos mexicanos? La respuesta es no.

Esta realidad la expresó alguna vez el astrofísico y divulgador científico Carl Sagan: “Vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de la ciencia y la tecnología, en la que prácticamente nadie sabe de ciencia y tecnología”.

Eso se aplica aún en nuestro siglo XXI, donde persiste un desinterés generalizado para estas disciplinas: es notorio el desdén de los políticos y gobernantes por invertir en la generación de nuevo conocimiento. El número de jóvenes matriculados en carreras científicas va a la baja, y el tamaño y la capacidad de reacción de la comunidad de investigadores en nuestros países iberoamericanos es insuficiente.

Más preocupante es que la ciencia —esa manera de explorar a la naturaleza e interpretar el universo— no forme parte de aquello que concebimos tradicionalmente como cultura, lo que Mosterín define como “la información trasmitida por aprendizaje social”.

Estamos en la era del conocimiento, festejando los goles de los alemanes y los argentinos, e ignorando la vida de un croata que logró producir energía eléctrica del cielo y de la tierra, que no requería combustibles fósiles y la cual, además, buscaba distribuir de manera gratuita. A su muerte, ocurrida en Nueva York el 7 de enero de 1943, tenía  patentados más de 700 inventos.

Al principio de su vida, después de un accidentado paso por varias escuelas, empezó a trabajar como ingeniero eléctrico, con un enorme éxito, en Budapest, Rumania.

Posteriormente trabajó para la compañía continental Edison, en Francia, y ahí fue invitado por Thomas Alva Edison a trabajar a Nueva York, donde llegó con cuatro centavos en la bolsa y se ofreció a trabajar en los generadores de corriente continua. Rediseñó el motor y los generadores a cambio de los 50 mil dólares que le ofreció Edison. Al término de meses de trabajo y cumplida la tarea, Tesla preguntó por el pago y Edison le respondió que lo del pago había sido una broma, que el croata no entendía el “humor americano”. Tesla renunció inmediatamente.

Con los años, nuestro héroe diseñó un motor de inacción que funcionaba con corriente alterna y varias máquinas que facilitaban el flujo eléctrico,  hasta llegar a colaborar en Westinghouse, donde creó un sistema de corriente alterna para alimentar los tranvías de la ciudad de Pittsburgh. Esto inició una guerra de competencia entre Edison y la General Electric, contra Westinghouse Electric.

Entre las aportaciones que se le reconocen a Tesla, están la corriente alterna, la electricidad inalámbrica, el altavoz, la luz neón, el radar, la luz fluorescente, el control remoto, las bujías, el alternador, la primera planta hidroeléctrica en las cataratas del Niágara, las bases del horno de microondas, la ignición automovilística, el microscopio de electrones, y en 1943 la Suprema Corte norteamericana le adjudicó a Tesla la invención de la radio (Marconi lo habría plagiado o por lo menos el descubrimiento había sido simultaneo).

Tesla sostuvo también haber sido el primero en observar los rayos cósmicos, mismos que, a través de su sistema de energía radiante, pueden ser utilizados por cualquiera como fuente de energía eléctrica para su hogar. Por todo eso y más, se dice que Tesla inventó el siglo XX.

Amigo cercano de Mark Twain, en cambio, su opinión acerca de Edison fue muy rigurosa. Consideró que ese personaje “tenía despreció de las reglas más elementales de higiene, no deseaba aprender de los libros y del conocimiento matemático, y confiaba más en su instinto de inventor y en su sentido práctico”.

Sus amigos lo describieron como poco afecto a la vida social, poeta, filósofo, lingüista (hablaba 6 idiomas) y un conocedor de la buena música, de la comida y la bebida. Tesla pronosticó que en 2035 serían más importantes en los gobiernos los responsables del cuidado de la Ecología que otros funcionarios.

Este ingeniero, matemático, físico e inventor tiene monumentos a su memoria en Niágara Falls, Ontario, Canadá, y en la Universidad de Belgrado, y calles que llevan su nombre en distintos países. Su popularidad, alcanzada recientemente, nos recuerda que vivimos rodeados de sus inventos.



Nota publicada en la edición 797


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