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Ciencia y Seguido

Los incalculables daños


Por Martha González Escobar
7 Julio 2014

“Pocos estudios sobrevivirán a tan intenso escrutinio de parte de colegas científicos. La re-publicación del estudio luego de tres revisiones de expertos, es prueba de su rigor, así como de la integridad de los investigadores”, declaró a la prensa internacional Michel Antoniu, genetista molecular del King College de Londres, miembro del CRIIGEN (Comité de Investigación y de Información Independientes sobre Ingeniería Genética) al referirse al estudio de Gilles-Eric Serálini, que comprobó los efectos cancerígenos en ratas por el consumo de maíz  modificado genéticamente.

Éste fue publicado en la revista científica Food and chemical toxicology en noviembre del año pasado, y del cual, incluso, se retractaron los editores debido a las presiones de varias corporaciones de cultivos transgénicos, especialmente la empresa Monsanto.

Volviendo al estudio de Séralini y su equipo, encontró daño severo y cáncer al hígado, riñón y desórdenes hormonales en ratas alimentadas con el herbicida a base de glifosato Roundup y el maíz transgénico NK603 de Monsanto, uno de los utilizados en pruebas experimentales de este cultivo en México.

Por ello, un numeroso grupo de científicos y organizaciones, entre los que destacan varios distinguidos científicos mexicanos, dirigió un reporte a los miembros del Convenio de Diversidad Biológica (CDB) y a los del Protocolo Internacional de Cartagena sobre Bioseguridad, en el que expresan su preocupación por la cercana liberación comercial a gran escala de peces, árboles e insectos transgénicos, así como de microorganismos  derivados de biología sintética, que aumentarán exponencialmente los riesgos y la diseminación de genes transgénicos en los ambientes naturales. En el caso de microorganismos y animales, debido a su movilidad; en el caso de árboles, por ser emisores de polen durante toda su vida y a distancias que llegan a alcanzar miles de kilómetros.

Cabe subrayar la observación de los cuantiosos equipos de científicos acerca de que las normas de bioseguridad que se han usado en todos los países y que han permitido experimentos y plantaciones de transgénicos, no han  tomado en cuenta el control “espacio-temporal”, es decir que los procesos evolutivos no son estáticos, lo contrario sería una negación de la vida y la evolución.

Opiniones de expertos internacionales acerca de la acumulación sucesiva de transgenes indican que causarán daños graves. Por ejemplo, Ángel Kato, un experto en el estudio del maíz, quien es egresado de la Escuela de Chapingo, con maestría avalada por la Universidad de Carolina del Norte y con doctorado de la Universidad de Massachusetts, considera que las variedades campesinas o criollas se pueden deformar o volverse estériles al producirse un rechazo del material genético desconocido para la especie.

Para las empresas, la contaminación genética es un negocio porque pueden llevar a juicio a todos sus vecinos acusándolos de “uso de sus genes patentados”. Lo anterior premeditado y fríamente calculado, ya que Monsanto y empresas afines previeron la contaminación, y no sólo no la impedirán, sino que harán de ella un negocio.

Por lo pronto, al documento comentado en párrafos anteriores fueron adjuntados  reportes científicamente comprobados  de casos de propagación incontrolada de plantas transgénicas en poblaciones y ecosistemas silvestres, como  el algodón en México, la canola en Norteamérica, Japón y Australia, y pastos en Estados Unidos. Además se muestra la presencia recurrente de transgénicos en variedades autóctonas y campesinas de plantas alimentarias en centros de origen, como el maíz en México y el arroz en China.

Los daños que causan los transgénicos en los ecosistemas son tratados por los gobiernos con suma negligencia. A pesar de que han transcurrido cuarenta años de la liberación comercial de las primeras semillas, no se ha visto ninguna de las ventajas prometidas, pero sí muchos daños graves e irreversibles que los científicos advirtieron.

En el caso de México, el mercado nacional de semilla de maíz es de 200 mil toneladas al año, con valor potencial (incluyendo los herbicidas acompañantes) de mil millones de dólares anuales.

Se entiende el interés de las compañías transnacionales en apoderarse del mercado alimentario, y en particular del principal alimento de los mexicanos: pues según cifras publicadas por La Jornada (02/07/2014), en nuestro país el maíz “se consume 23 veces más que el arroz, nueve veces más que el frijol y tres veces más que el trigo”. Por eso y más, hace años que se lucha por definir el futuro del maíz transgénico en nuestro territorio. De un lado se encuentra la salud, la defensa del medio ambiente y la independencia alimentaria el país, y del otro, los negocios de cinco compañías que pretenden ser “modernas y científicas”.



Nota publicada en la edición 796


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