Foto: Jorge Alberto Mendoza

Entrevista

Antonio Deltoro


La poesía desde cero

Por Édgar Corona
23 Junio 2014

Antonio Deltoro muestra serenidad en la presentación de Los árboles que poblarán el Ártico, un libro que representa una llamada poética, una “alerta” frente a los cambios radicales que el planeta registra. La obra más reciente del autor, también significa adentrarse de lleno a zonas sombrías, como especifica la propia contraportada de este trabajo cobijado por editorial Era. “Cuando un árbol se mueve es porque algo terrible ocurrirá”, dice el escritor a quienes escuchamos detenidamente. Sin perder su idea, comenta: “Vivo cerca de una barranca, porque es una manera de estar atento a lo que sucede”. Poeta y ensayista, Deltoro posee una trayectoria fértil en ambos terrenos literarios. En esta charla ahondamos en los principales motivos del libro, y la experiencia profesional de del autor, desde un lado íntimo y un lado social.

Los árboles que poblarán el Ártico es un título sugerente, ¿qué encontrará el lector en este libro?
Es un verso que viene en el primer poema. Se me ocurrió llamar así al libro. Este primer poema se titula “Primavera”, y trata justamente de que uno siente el calor, y está muy a gusto, pero uno no se da cuenta de que son malas noticias. El calor extraordinario y la primavera en zonas que no es habitual, implica el sobrecalentamiento global e implica que los pájaros que están cantando en un sitio no correspondan a esa latitud. Los pájaros se van a ir más hacia el norte, y los árboles se van con los pájaros. Es muy simple, pero al mismo tiempo es un libro que tiene algo escondido.

Podría decirse que se trata de un poema que intenta ser revelador…
Es un poema revelador. Pero, sobre todo, el primero en sorprenderse fui yo. Empecé a hacer un poema un poco cantando a la primavera, cómodamente, porque el sitio donde vivo es frío. Entonces pensé que iba a ocurrir un invierno más benigno, y me di cuenta que ese invierno benigno ocultaba algo maligno. Como siempre pasa: las cosas tienen un reverso.

Trasladar todas esas sensaciones e ideas al lenguaje poético requiere años de experiencia, ¿cómo deposita esas visiones Antonio Deltoro en su trabajo?
El verso de “Los árboles que poblarán el Ártico” surgió, no es una cosa deliberada. Justamente los versos significativos surgen de otra parte, no de la lógica. Existe una lógica en la vida normal, pero también existe una especie de lógica poética: que las palabras no son lo que representan en la cotidianidad. Incluso siempre pienso que la cotidianidad envuelve otros sentidos.

En su obra están presentes dos extremos: una visión por un lado intimista, pero que también tiene un vínculo con la sociedad…
Claro, porque el lenguaje es algo que al mismo tiempo compete al hablante y a quien escribe. Pero compete también a toda la especie. Ya que es una especie que significativamente habla, a diferencia de las otras, que no hablan.

Cuando usted hace una retrospectiva después de tantos años, de tantos libros y, especialmente, de una búsqueda como artista, ¿cómo se sitúa usted en la poesía hecha en México?
Es una pregunta que no tendría que contestar. Tal vez debería responder un lector hipotético. Pero lo que podría contestar es simplemente esto: los poemas se hacen desde cero. Uno termina un poema y está como comenzó: en cero. Entonces viene el siguiente poema que puede ser inesperado. Eso es lo que caracteriza a la poesía a diferencia de la prosa. Porque en el verso, en la página, hay un blanco, y este blanco significa un salto. No hay continuidad. Cada verso surge del anterior, sin embargo de otra manera, de otra especie. Es como una tribu en la que cada verso sería un individuo. Estos individuos forman parte de la misma tribu, mas son diferentes. Podemos a la postre decir: “Este verso es de Antonio Machado, de Octavio Paz o Efraín Huerta”. Pero el autor no lo hizo de manera mecánica, porque si se hace de esta manera, si uno sabe demasiado, cae en lo previsible.

Estamos en tiempos donde las editoriales privilegian otros géneros literarios. La poesía es quizás el género más difícil de hacer y divulgar en estos tiempos…
Y de leerla incluso, porque es ir a contracorriente. Estos tiempos son homogeneizadores: premian el hecho de ser igual a los otros. Demandamos cosas hechas en serie, y la poesía no se puede hacer en serie. El lector de poesía es alguien muy particular, porque demanda un instrumento que es el lector mismo. Para que un poema sea un poema, es necesario que lo lea alguien, y ese alguien se vuelve un instrumento. Cuando nosotros oímos música escuchamos a los ejecutantes. Cuando leemos poesía nos oímos a nosotros mismos.

Usted ha desarrollado una parte productiva en la poesía, pero también ha desarrollado el ensayo, es un punto fuerte en su trayectoria…
El poeta moderno —salvo excepciones— es un poeta que reflexiona sobre su oficio, y digamos, escribir ensayo… tengo un libro que se llama Favores recibidos, que quiere decir eso: de pronto darse cuenta, y agradecer a los poetas que para mí son esenciales. Transmitir ese entusiasmo, ese agradecimiento a los otros. El poeta tendría que ser alguien que reflexiona sobre lo que significa escribir poesía: qué significa una poesía, y no otra.



Si uno sabe demasiado, cae en lo previsible
Nota publicada en la edición 794


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