Foto: José María Martínez

Entrevista

Carlos Alberto Patiño


Según el experto, en países como México y Colombia las organizaciones criminales disputan al Estado el control territorial, en zonas rurales y también en las ciudades

Por Karina Alatorre
16 Junio 2014

Para la construcción de la ciudad del siglo XXI deben ser estudiados a fondo factores como movilidad, sustentabilidad, ordenación territorial y la seguridad, así como los intentos de modernización hechos en otras partes del mundo.

De ahí que el foro de discusión Ciudad siglo 21, convocado por diversas instituciones educativas de Jalisco, incluyera en su segundo ciclo de conferencias —realizado del 10 al 12 de junio— una exposición de Carlos Alberto Patiño Villa, director del Instituto de Estudios Urbanos, de la Universidad Nacional de Colombia.

En la conferencia, que dictó en la Biblioteca Pública del Estado, el doctor expuso el caso de la ciudad de Medellín, donde la lucha por el control territorial urbano entre el Estado y los grupos criminales es tan grave que, en varios sectores de la urbe el gobierno simplemente está ausente.

¿Que tan común es este problema de la disputa por el territorio en las grandes ciudades?
Es un problema de América Latina. Los Estados han sido Estados débiles. Tienen problemas de control de territorio, problemas comunes de Colombia, México, Centroamérica, Brasil, Perú, pero no sólo en el territorio rural, sino en el territorio urbano: lo urbano escapa a la construcción del Estado. En Europa de alguna manera surgen organizaciones parecidas al Estado, pero es éste el que finalmente termina controlando y organizando a las ciudades, a diferencia de América Latina, donde una vez que se produce la implosión de la monarquía católica, de la corona y surgen las independencias, aparecen Estados que sólo controlan dos o tres ciudades. Así que cuando miramos las geografías contemporáneas, vemos que esa es su característica: no hay un mecanismo importante de control.

¿Por qué es importante el tema del control territorial en la construcción de las ciudades?
Porque explica el mantenimiento de los grupos criminales. Éstos actúan en los lugares donde el Estado no está presente. No actúan porque tengan mayor fortaleza, mayor capacidad, sino porque el Estado no tiene la capacidad de imponer un orden estricto. El mejor negocio para representar el control territorial tiene que ver con la micro extorsión: cuando alguien extorsiona a los individuos, lo que hay de fondo es una perspectiva clave asociada a controlar sus prácticas económicas, a impedir prácticas económicas legales. Se dirige a establecer un mecanismo que tiene que ver con controlar no sólo la transacción económica, sino incluso empezar a ser clave en cuanto a quién tiene la propiedad de los terrenos, quién los construye, quién se mete al negocio inmobiliario. Es algo que empieza a aparecer de forma constante.

¿A eso le sumamos el problema de la corrupción?
Esa es sólo una parte del problema. La corrupción es uno de los problemas fundamentales. Más allá de la corrupción, el control territorial tiene que ver con la forma en que son construidas las relaciones políticas o económicas, porque resulta que en muchos de nuestros sectores populares, o incluso ni siquiera populares, en centros urbanos mismos, el Estado no está pendiente de quién hace una transacción económica lícita o ilícita. En el caso de Medellín, hay distintos barrios en los que a los pobladores se les obliga a mercar en tiendas específicas o llenar el tanque de la gasolina en lugares específicos. Si no lo hacen, se someten a una muerte segura o a un desplazamiento interurbano, y el Estado no aparece.

En la construcción urbana, ¿cuál es el problema más grave que comparten México y Colombia?
Entre Colombia y México compartimos una herencia maldita en muchos sentidos: grupos armados ilegales, prácticas de economía ilegales y narcotráfico, el surgimiento de una forma de criminalidad más enmarcada en las nuevas insurgencias que en la criminalidad común, la incapacidad del Estado para responder de manera efectiva a ese tipo de condiciones, las limitaciones de los organismos de inteligencia. Hay un problema de fondo: los Estados todavía no se han preguntado con claridad qué significa el gobierno urbano y cómo armarlo para que sea contundente, y seguimos atrapados en la vieja red, la vieja noción del municipio.



En América Latina los Estados han sido débiles
Nota publicada en la edición 793


En su propia voz

Carlos Alberto Patiño
Director del Instituto de Estudios Urbanos, de la Universidad Nacional de Colombia.




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