Foto: Archivo

Ciencia y Seguido

Bosques de algas marinas: energía renovable


Por Martha González Escobar
7 Abril 2014

Ante la próxima extinción del petróleo que mana de las entrañas de la tierra, los científicos contemporáneos se disponen a encontrar nuevas fuentes de energía. En esta búsqueda de energías alternativas, tiene un lugar destacado la posible utilización de los bosques marinos como solución.

Las algas han cautivado la atención de investigadores de la Universidad del Pacífico Sur, Fiyi; Podenergy, empresa privada que explora el uso de algas como fuente de energía; Climate Colab, plataforma de colaboración pública para soluciones al cambio climático, dirigida por el MIT, expertos en la materia, se encontraron el pasado febrero en la reunión de Ciencias Oceanográficas 2014, de la cual nos trae noticias la única agencia de noticias científicas del mundo, la SciDev.Net, de origen brasileño.

El uso de algas marinas naturales o cultivadas para alimentar los digestores anaeróbicos, proporcionaría a las comunidades locales abundante energía mediante el biogás y la producción de fertilizantes, según Antoine N’Yeurt, investigador del Centro del Pacífico para el Medio Ambiente y el Desarrollo Sostenible, de la Universidad del Pacífico Sur, Fiyi.

“Estas aplicaciones reducirán la dependencia de las importaciones que padecen los pequeños países insulares y creará sociedades más sostenibles”, opinó el experto, en el marco de la reunión de Ciencias Oceanográficas 2014, realizada en febrero.
Mark Capron, presidente de PODenergy, empresa que explora el uso de algas como fuente de energía, y quien presentó las ideas de su grupo durante la conferencia, imagina un mundo donde las algas marinas puedan satisfacer las necesidades mundiales de energía sin añadir emisiones de carbono.

Explicó: “Si el nueve por ciento del fondo marino se cubriera con estos bosques, se podría suministrar suficiente energía para reemplazar los combustibles fósiles, al tiempo que se elimina el carbono de la atmósfera y se aumentan las poblaciones de peces mediante la sustitución del suelo desnudo con un ecosistema más productivo”.

Si bien algunos delegados se mostraron escépticos acerca de la escala de medición propuesta, que el propio Capron admite es “bastante optimista”, ha habido interés en su idea.
Por ejemplo, los estudios de factibilidad han sido publicados en una revista revisada por pares. Además, su esquema de forestación oceánica quedó finalista en un concurso auspiciado por Climate CoLab, plataforma de colaboración pública para soluciones al cambio climático, dirigida por el Instituto de Tecnología de Massachusetts, Estados Unidos.

Si este sueño se hace realidad, los gobiernos y donantes deberán abandonar su renuencia a apoyar los proyectos piloto requeridos para llevar la tecnología de la teoría a la práctica, afirmó Capron.

Alex Golberg, investigador asociado del Hospital General de Massachusetts, Estados Unidos, quien publicó un artículo sobre el uso de las algas marinas para la producción de biocombustible, concuerda en que los gobiernos tienen un papel crucial que jugar en el desarrollo de la tecnología.

Al respecto afirmó: “Los gobiernos deben estar preparados para construir una base sólida de apoyo a proyectos de demostración y de investigación adicional, antes que las empresas privadas intervengan para aumentar el escalamiento de la tecnología”.

Hizo saber a los asistentes a la reunión, que al margen de los temas financieros, la tecnología está “lista para usarse” en las pequeñas comunidades, y su investigación sugiere que el proceso es más eficiente a escalas más pequeñas, haciéndolo ideal para las “comunidades aisladas del Pacífico con abundantes algas marinas”.

La digestión anaerobia es un proceso biológico en el que la materia orgánica, en ausencia de oxígeno y mediante la acción de un grupo de bacterias específicas, se descompone en productos gaseosos o “biogás” y en digestato, que es una mezcla de productos minerales y compuestos de difícil degradación.

El biogás contiene un alto porcentaje en metano, por lo que es susceptible de un aprovechamiento energético mediante su combustión en motores, en turbinas o en calderas, solo o mezclado con otro combustible.

El proceso controlado de digestión anaerobia es uno de los más idóneos para la reducción de emisiones de efecto invernadero, el aprovechamiento energético de los residuos orgánicos y el mantenimiento y mejora del valor fertilizante de los productos tratados.



Nota publicada en la edición 785


Otros temas de interés