Foto: Abraham Aréchiga

Crónica

El MUSA se sacude el polvo


Con la rehabilitación se pretende mantener expuesta la colección permanente del museo, además de las itinerantes. El inmueble pasará de 900 a 2800 metros cuadrados de exposición. Ahora tendrá 15 salas contra las 6 anteriores

Por Roberto Estrada
28 Octubre 2013

Camino en medio de una neblina de ese polvillo que te pica la garganta y la nariz, que lastima los ojos. Los martillazos, las sierras, los taladros se escuchan por todas partes, el eco a veces los trae de otras habitaciones y a veces se los lleva. Mirando al piso para no tropezar entre tanto escombro y materiales de construcción me doy cuenta de que mis zapatos ya mutaron de color y textura. Estoy caminando en dirección contraria a las manecillas del reloj, justo como me han dicho que en el futuro todos tendrán que hacerlo para recorrer el lugar. Pero esto ya no es como lo recordaba. Asisto a unos cuartos vacíos, desnudos de su antigua temporalidad, y a otros que ni siquiera sabía que existían, en los que hasta sus fantasmas han sido pasados por la cal o la pintura.

Estoy en el viejo edificio que era sede de la Rectoría de la Universidad de Guadalajara, con los murales de Orozco por ahora encerrados “herméticamente” en su paraninfo para no dañarlos, me han dicho. Los hombres trabajando tienen prisa, van y vienen, cortan, golpean, resanan, cargan, descargan. El recinto debe estar listo para el 21 de noviembre, rehabilitado por completo para que el Museo de las Artes (MUSA) ya no siga siendo sólo el proyecto de unas cuantas salas, sino uno más ambicioso en espacio y museografía. Un idea largamente acariciada, quizá desde su misma creación en 1994, y de la que no pocas veces se había hecho mención en administraciones pasadas. Pero finalmente habrá de cumplirse, y hay que darse prisa: pisos, paredes, luces, ventilación, temperatura, humedad, todo debe estar a punto para recibir la obra del escultor y arquitecto Fernando González Gortázar para reinaugurar el museo. Cuando veo que un hombre perfora el techo y los restos golpean con fuerza el piso, mientras otro me dice que tenga cuidado de no pisar “ahí” porque hay ácido, me doy cuenta de que es mejor tomar un poco de aire en la calle.

Hombres trabajando. Pero también mujeres. Maribel Arteaga Garibay, la nueva directora del MUSA, sale un momento de su improvisada oficina en un edificio aledaño, en la que comparte el espacio que sería para una o dos personas con el triple, en tanto no se terminen las obras de rehabilitación. Me recuerda que a finales de febrero el Consejo General Universitario decidió “liberar” los espacios que ocupaba la Rectoría para proporcionárselos al museo, mediante un trabajo integral de intervención arquitectónica y museística que en gran parte culminarán con el montaje de 361 piezas de González Gortázar que mostrarán sus diversas facetas artísticas, y las que ya se estarán recibiendo a partir del 4 de noviembre, provenientes de la Ciudad de México, Zacatecas, Colima, Jalisco, tanto de coleccionistas particulares como de algunas instituciones, del propio autor y algunos archivos fotográficos. El mismo día de la inauguración de la exposición se le otorgará al autor el grado de Doctor Honoris Causa. Días después, el 29 de noviembre el MUSA montará una colección de 15 fotografías de Iris Nesher, con el tema de Israel, a propósito de la FIL de este año.

A pesar de la carga de trabajo para la próxima inauguración del MUSA, Maribel adelanta un poco lo que vendrá, pues en 2014 se cumplen veinte años de la creación del museo, pero también cien del inicio de la construcción del edificio que lo alberga, por eso ya se contempla una gran exposición que recorra la historia de la Universidad y del inmueble, para ofrecerla de manera “atractiva” a los visitantes.

En cuanto a los retos para que con la rehabilitación del MUSA sea un espacio de primer nivel, Maribel destaca el de la iluminación, ya sea natural o artificial, de acuerdo con las características de las piezas a montar, “guardando” la estructura original, pero a la vez jugando con oscurecer algunas salas para ello.

A la pregunta de qué nivel alcanzaría el MUSA con estos cambios, Maribel prefiere no hablar de cuáles son los museos de “primera, segunda o tercera” que hay en el mundo o al menos en el país, pero está convencida de que “queremos hacer la diferencia en Jalisco, serán nuevos horizontes para el museo”. Cree que sí se puede lograr un museo de primer nivel con artistas internacionales, dependiendo del trabajo de vinculación.

“Se está haciendo gestión, y valorando y sopesando qué quiere la gente, qué es lo que espera del museo. Hicimos encuestas a 400 personas de diferentes ámbitos, y nos dimos cuenta de que no saben cuál es el Museo de las Artes, no hay identidades bien sustentadas en ello, tenemos que impactar, que los jaliscienses lo conozcan”, agrega la directora. Aún así dice que sí hay público para un museo como éste en Guadalajara: “Sólo hay que traerles lo que quieren ver; habrá nuevos públicos, nuevos eventos. Tenemos una gran expectativa de hacer sentir y hacer más vivo el museo”.



El recinto debe estar listo para el 21 de noviembre, rehabilitado por completo para que el Museo de las Artes (MUSA) ya no siga siendo sólo el proyecto de unas cuantas salas, sino uno más ambicioso en espacio y museografía
Nota publicada en la edición 765


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