Foto: Jorge Alberto Mendoza

La vida misma

Vivian Abenshushan


dando tumbos
Por Verónica de Santos
12 Noviembre 2012

Experimental, descolocada, disidente, subversiva, Vivian Abenshushan es escritora, pero practica también el arte de la elusión cuando de entrevistas se trata. No le acomoda la idea de responder preguntas que no estén precedidas por la lectura. Ya se ha quejado de eso en algún texto, entre las digresiones que arman sus devaneos por temas sencillos como leer en la cama, rascarse la cabeza, o contundentes como sus elogios del plagio, del vividor como artista, el hombre descerebrado. También escribe historias, edita libros y viaja de un lado a otro impartiendo cursos y charlas, como la que llenó Casa Vallarta a mediados de octubre.

 

Desobediencia
Últimamente hemos bajado el ritmo de publicación, por no ceder ante las presiones del mercado. Nosotros queremos llevar nuestro propio ritmo, que no tiene nada que ver con el mes o dos meses de la shelf life, el tiempo de prueba en la vitrina para que un libro tenga éxito o no. Porque los libros no siguen el tiempo del mercado; necesitan su propio tiempo para hacerse, para leerse, para llegar a su lector y para ejercer su influencia. Por eso hemos tenido muchas menos novedades este año. El título más reciente que hemos publicado es Desobediencia civil de Henry David Thoreau, a propósito de las pasadas elecciones.

 

Tumbona
Hace siete años fundamos la editorial ante la necesidad como lectores y escritores de sacudir el ámbito asfixiante de la literatura y la cultura en México y en el mundo, que entonces parecía clausurada a la posibilidad de vivir fuera de la pauta neoliberal. Somos una cooperativa, lo cual significa que al exterior funcionamos igual que una empresa —aunque los distribuidores y las librerías nos vean como una excentricidad y una rareza—; lo importante son las dinámicas al interior, la horizontalidad en la toma de decisiones, el que no haya un jefe y subordinados, sino socios. Y el que sea un espacio para la escritura fuera del estándar, abierto a la experimentación, el juego, la irreverencia.

Escritos para desokupados
En un par de meses espero que salga ya esta nueva colección de ensayos. Tardó mucho porque no encontraba quien estuviera de acuerdo con que tuviera una licencia copyleft y en Tumbona tenemos prohibido autopublicarnos. Hasta que vi que ahí habían estado todo el tiempo, frente a mi cara: la editorial Sur+. Todavía hoy es un asunto que causa escozor y muchas editoriales temen.

 

Contreras
Hace poco me di cuenta de que todos mis títulos van por la vía negativa: Escritos para desokupados, Una habitación desordenada, Contraensayo, El clan de los insomnes... Supongo que es por la heterodoxia que hay desde mi origen y formación, porque vengo de una familia conformada por un hijo de judíos y una hija de cristeros, que se enfrentaron ellos mismos a sus padres en los años 70, cuando en el ambiente flotaba la discusión de las jerarquías. Crecí en una familia sensible, culta y adicta a los libros: privilegiada.

Resistencia
No paro. Vivo en un vértigo permanente, trepidante, absurdo. No quisiera. Pero el sistema nos obliga a vivir en contradicción, todos los días reproducimos el estado de las cosas. Lo que podemos hacer es construir espacios y momentos de microrresistencia. Para respirar. Zonas donde habitar. Para mí esa es la calma del escritorio, donde no he podido resguardarme tanto en los últimos años. La escritura está celosa.

 

Lentitud
Pertenezco a una generación de escritores que ha vivido las presiones de la necesidad de reconocimiento. Yo he tratado de quedarme al margen de eso para respetar mi propia lentitud.



Nota publicada en la edición 723


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