Entre la cultura oral y la escrita

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    El lenguaje comenzó siendo oral, sonido puro. Ahora se ha convertido en algo visual, al grado de que hay autores que consideran a la vista como el único sentido indispensable para leer.
    Esta es una de las tantas reflexiones de la escritora alemana, nacionalizada mexicana, Margit Frenk, que dictó la Cátedra Julio Cortázar y trató el conflicto entre la cultura oral y la escrita a partir de la lírica popular española del Siglo de oro.
    El verbo ‘leer’ significó durante muchos años “leer en voz alta”. En 1611, Sebastián Covarrubias, en El tesoro de la lengua castellana, daba como significado al verbo leer: pronunciar con palabras “lo que por letras” está escrito.
    En el siglo XVIII El diccionario de autoridades decía que leer es pronunciar lo que está escrito o repasarlo con los ojos, pero es hasta épocas más recientes cuando la definición pierde esa connotación de lo oral. El Larousse ilustrado indica que leer es “repasar con la vista” lo escrito o impreso para enterarse de ello.
    Ante todos estos conceptos, la Premio nacional de ciencias y artes en el ramo de lingí¼ística y literatura señaló que las culturas orales carecen de diccionario porque no les interesan las definiciones. El hábitat de sus palabras lo constituye el entorno humano. Es así como “el pensamiento situacional excluye el pensamiento lógico formal. Un silogismo no les dice nada a los analfabetas”.
    Comentó que al principio la lectura era una actividad colectiva en voz alta: un narrador y varios escuchas. Con el surgimiento de la imprenta, la lectura cada vez se volvió más callada y personal, más solitaria y visual.
    “Estamos tan inmersos en una cultura escrita que tendemos a olvidar que el ser humano piensa y se expresa en lenguaje oral. Vivimos una época escritocéntrica, porque está basada en la palabra escrita y no en la palabra dicha”, indicó la autora de publicaciones como Nuevo corpus de la antigua lírica popular hispánica siglos XV y XVII.
    La lectura en silencio se ha vuelto costumbre, aunque tiene sus pros y contras. Permite ir a mayor velocidad y abarcar más, atar cosas entre sí y establecer jerarquías que lo oral no admite, pero también propicia la pérdida de la “sensorialidad” y la afectividad. “Ahora no se oye con los oídos, sino con los ojos”.
    Al respecto, la integrante de la Asociación internacional de hispanistas recordó cómo tuvo contacto con la literatura: con los dos sentidos, vista y oído.
    “En la fuente del corcel / lavan la niña y el doncel. / En la fuente de agua clara, / con sus manos lava la cara, / él a ella y ella a él, / lavan la niña y el doncel”.
    Esta pequeña canción española de origen anónimo, que leyó en un libro de texto en tercero de primaria, la marcó para toda la vida. No sabía entonces lo que significaban palabras como “doncel”, pero le permitían adentrarse con los dos sentidos a la literatura. Hoy parece que se ha perdido el oír en la lectura.
    “Soy una víctima de mi tiempo. He leído en silencio toda mi vida, pero me encanta oír leer en voz alta. Leer bien es un verdadero placer, y dos libros ideales para ello son El Quijote y El lazarillo de Tormes”.
    De las más o menos tres mil lenguas habladas que existen hoy, solo unas 78 tienen literatura. La escritura es posterior al lenguaje o, “como dijo Borges: es un sucedáneo de la palabra oral”.
    Ejemplificó este conflicto entre las lenguas oral y escrita con un pasaje de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en el que Alonso Quijano reprende a Sancho Panza por no hablar como “hombre de entendimiento”. En la obra de Cervantes, “se contraponen un hombre de cultura oral, Sancho, y otro cuyo pensamiento está marcado por la lectura y la escritura”.
    Margit Frenk se ha desempeñado como profesora e investigadora en la Universidad de California, El Colegio de México, el Instituto de Investigaciones Filológicas, de la UNAM, y la Facultad de Filosofía y Letras, de esa misma institución. Ha sido profesora visitante en la Universití¤t Heidelberg y la Harvard University.
    Ha dictado conferencias en Estados Unidos, España, Alemania, Gran Bretaña, Japón, Filipinas y la India. Pertenece a las asociaciones internacionales de Hispanistas y del Siglo de oro.
    Frenk ha recibido diversas distinciones, entre las que destacan su nombramiento como miembro de la Real Academia Española de la Lengua y el doctorado honoris causa por la Universidad de la Sorbona, en París.