El monstruo en el espejo

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El destino de algunas obras, al parecer, no está en el éxito inmediato, sino en el acomodo futuro. El artista que trabaja para lo lindante es un artífice a medias: lo fundamental es plasmar lo que a cada uno le resulta esencial como motivo para realizarse, y no buscar el mero cash flow. Es probable que una obra artística sea un fracaso en su tiempo, mas luego verá su compensación en el probable y real impacto en los otros. Digo lo anterior después de haber visto el filme del director estadounidense Tod Browning, Freaks (1932).
El argumento de Freaks se basa en un fragmento del cuento “Spurs” (de Tod Robbins,  el texto entero puede ser leído en esta dirección: http://signorformica.blogspot.mx/2009/01/spurs.html), y narra la relación entre el enano Hans y la trapecista (que se convierte en un triángulo amoroso cuando entra en escena el hombre fuerte del espectáculo circense), y luego se rodea del ambiente hostil y muy humano de las relaciones de los personajes del circo, porque el filme cuenta la fábula de venganzas, maldad y violencia de los habitantes en un circo…
La relación directa de su influencia se halla, en primera instancia, en Los olvidados (1950), del cineasta Luis Buñuel. Algunos personajes son la misma definición de rostro del personaje central de Shrek (Andrew Adamson/Vicky Jenson, 2001), pero en línea directa y casi una cita es sin duda la obra de Santa sangre (Alejandro Jodorowsky, 1989), cuya historia también transcurre en la pista e inmediaciones de un circo. Tengo la impresión de que al menos dos de las tres películas surgieron a partir de Freaks (se han realizado, por cierto —a lo largo del tiempo—, innumerables trabajos cinematográficos que la aluden).
No del todo un fracaso, el filme de Browning encontró un eco rotundo, sobre todo en Santa sangre y Los olvidados, donde los personajes contrahechos son el centro y realización de la fábula; lo cierto es que la obra maestra del estadounidense se encuentra en Drácula (1931), que lo confirmó como un exponente del cine de terror, pese a que solamente realizó, de sus sesenta trabajos, dos en este género.
Largometraje de culto, Freaks resulta inquietante. Es una joya del cinematógrafo y es a la vez un referente de la realidad de la conducta y condición humanas. La violencia expresada en ella resultó ser doble: el público la repudió, al grado de ser prohibida en el Reino Unido, donde la consideraron “repugnante”, y en Estados Unidos se convirtió en símbolo de fracaso para la industria de Hollywood. No obstante, técnicamente Freaks es, si consideramos que su realización fue en los albores de los años treinta del siglo pasado, perfecta. Pero sobre todo es de tomarse en cuenta no solamente la forma, sino también el fondo de lo narrado —su involuntario surrealismo es formidable.
La fina donosura de los personajes, poco a poco y conforme avanza la historia, se va modificando hasta encontrar su punto exacto, donde se tornan de algún modo malévolos, y no es gratuito el asunto, pues las bajas pasiones se ponen álgidas y confrontan al público: se sabe que los actores-personajes fueron personas con reales deformaciones físicas y con padecimientos mentales, lo que la vuelve una película extraña y turbadora, de allí que es en cierta forma comprensible la percepción de los ingleses, siempre tan refinados y ciegos para mirar ciertas realidades del mundo. Injustificable, de otro modo, fue su prejuicio para observar el arte de Tod Browning. Su visión es rica y guarda todo el encanto de una obra maestra: podríamos colocarla en la corriente del naturalismo, cercana a Zola y a ciertos autores como Dostoievski y José Revueltas.
Los aportes de Freaks son múltiples. Es una obra que nos toca (en el sentido que da a esta palabra la psicología): nos revela que somos en verdad monstruos, no en lo relativo a lo físico, sino en lo espiritual. Hay recónditos sentimientos abrigados en cada uno de nosotros y afloran a cada instante de nuestra existencia. Es quizás eso lo anómalo de ésta, pues nos involucra en definitiva y nos horroriza, porque nos vemos. No es una metáfora lo que se mira: es la realidad mostrada como si fuera una pesadilla vista justo al despertar alguna mañana. Freaks es un espejo donde no queremos vernos, porque dice la verdad…