El futuro que llega

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    La rutina de Felipe Gustavo Arana Magaña es levantarse temprano; entrenar de seis a siete y media de la mañana; estirarse, correr, realizar unas cuantas lagartijas y abdominales en casa; luego, desayunar para entrar a la escuela a las once. Además, acude cada quince días o cada mes a la concentración con su equipo de futbol.

    De niño, este estudiante de la licenciatura en Negocios Internacionales del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), siempre soñó con ser seleccionado nacional. Ahora, a sus 22 años de edad, en septiembre próximo representará a México en los Juegos Paralímpicos a celebrarse en Río de Janeiro.

    Felipe Gustavo es seleccionado nacional del equipo de futbol 5 para ciegos. Ha participado en dos panamericanos, una Copa América y múltiples torneos amistosos fuera y dentro del país. Es un joven serio, amable, cortés y el futbol siempre ha sido su pasión. Alterna su vida escolar con la deportiva: las matemáticas, los negocios, la contabilidad y el inglés (sus materias favoritas) con el balón y la cancha, y así logró convertirse en un deportista de alto rendimiento a quien su debilidad visual no le ha impedido desarrollar la pasión por el deporte y estudiar.

    “Es una satisfacción muy grande, siempre lo quise ser, y es muy bonito defender los colores de tu patria”.

    Para Gustavo, el deporte es una manera de liberar estrés y es muy benéfico para la salud física y mental. “Siempre te ayuda mucho en la vida. A mí me ayuda para no rendirme y para a veces tomar la vida y las cosas como una competencia”.

    Además de estudiar y hacer deporte, lo que más disfruta es caminar, convivir con sus amigos, que le lean libros y andar en bicicleta.
     
    El comienzo de todo
    Desde que tenía dieciséis años comenzó a jugar futbol, y antes ya practicaba atletismo.
    “Una vez me encontraba en un hotel jugando con mis amigos y el entrenador de futbol para ciegos me vio, y me dijo: ‘Juegas bien’; a partir de ahí hice las pruebas y me quedé como seleccionado”, cuenta Gustavo. Lleva seis años practicando futbol 5 y siendo seleccionado nacional.

    La victoria le provoca una felicidad enorme. Por ejemplo, cuando ganó una medalla en los Juegos Panamericanos de Toronto de 2015 u obtuvo el pase a los Juegos Olímpicos. Por el contrario, perder o lesionarse le hace sentir cierta tristeza, como un cubetazo de agua fría.

    “Siempre trato de darle vuelta a la página y mentalizarme en estar bien. Las emociones que uno tiene se las trasmite a todo el equipo: si el equipo te nota distraído o preocupado, comienza a estar como tú”.

    La mejor sensación fue en una competencia en Cuernavaca, “cuando el equipo quedó en segundo lugar y yo como campeón de goleo; unos niños se acercaron a tomarse una foto conmigo —los niños tampoco veían, como yo— y me dijeron: ‘Yo quiero ser como tú’; esa ha sido la mejor sensación, por encima de cualquier medalla que he ganado. Esas acciones me llenan más como persona. Siento más impacto en mí cuando logro dejar un mensaje en las personas”.

    Dice que “con mis compañeros soy muy unido, pero cinco o diez minutos antes de cada partido me alejo para pensar y meterme en mí, en lo que quiero hacer”.

    En los Juegos competirán con Argentina, Brasil, China, Irán, Marruecos, Rusia y Turquía. “Nos hemos reunido todo el equipo para entrenar y prepararnos para este evento. Tengo la voluntad y sé que el futuro llegará: espero un buen resultado para el equipo, y en lo personal que me vaya bien”.

    Y concluye: “La gente que tiene una ‘capacidad distinta’, como nos dicen,  somos prácticamente iguales, podemos lograr lo que nos propongamos, siempre y cuando lo querramos. Nuca se rindan, nunca se den por vencidos. Lo que sea su pasión, que lo hagan, y lo hagan lo mejor que puedan”.

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