El debate sobre la eutanasia

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La eutanasia, una acción que el médico provoca deliberadamente para proporcionar una buena muerte, no es una discusión nueva. En gran parte de la Comunidad Europea está aprobado omitir o suspender el tratamiento al enfermo en fase terminal y recientemente la Cámara baja del Parlamento de Bélgica aprobó una iniciativa que extiende el derecho a la eutanasia a los menores, después de que en 2002 legalizara esta práctica para los enfermos con “sufrimiento físico o mental constante e insoportable que no puede ser aliviado”.

También en Holanda, desde el 2002, los niños pueden solicitar la eutanasia con el consentimiento de los padres —aunque a la fecha sólo cinco infantes lo han hecho. En cuanto a México, aún no se han llevado a cabo discusiones a fondo; es posible que la razón sea porque esta práctica tiene implicaciones éticas, religiosas, legales, filosóficas y morales.

“Será difícil que la sociedad en conjunto pueda avalar este concepto. Por ejemplo, desde la parte legal puede ser un homicidio o un suicidio asistido, pero desde un punto humanista se evita prolongar el sufrimiento”, reflexiona el también filósofo Gerardo Rodríguez Aceves.

Sin dar una postura a favor o en contra, refirió que la eutanasia puede presentarse por dos vías: una acción deliberada o una omisión. Significa que con la finalidad de evitar el dolor y el sufrimiento se realiza lo que se denomina eutanansia directa, la cual consiste en aplicar medicamentos que aceleran el proceso de muerte, mientras que en la eutanasia pasiva o indirecta simplemente se suspende la aplicación del tratamiento, lo cual repercutirá en la salud del paciente.

“He tenido pacientes que me dicen que en las noches tenían ganas de irse corriendo y estrellarse con una pared. Son personas que saben que al día siguiente estarán peor, que no van a mejorar. Pero todo este tema tiene muchas implicaciones, desde quienes piensan que sirve para tráfico de órganos, hasta implicaciones religiosas”, comentó el algiólogo Rodríguez Aceves.

Con base a su experiencia de 16 años en la Clínica del Dolor del HCG,  puntualiza que muchas de las personas en estado terminal de cáncer que saben que cada día empeoran, desean morir: «Cuando la etapa de la enfermedad es crítica, cuando el paciente está en una situación deplorable, que ya no hay dinero, que ni siquiera puede ir al baño, el paciente lo sugiere e incluso la propia familia”.

Cabe mencionar que los derechos del paciente terminal son conocer cuál es su diagnóstico y pronóstico de vida, pero no contempla la eutanasia. Por ello, de alguna manera en los hospitales podría suceder que se aplique una eutanasia indirecta, esto es, sin intención de llevar al paciente a la muerte: “Al tener un paciente pre-mortem que se está quejando por dolor, como algiólogos estamos autorizados a quitárselo. Existe la posibilidad de aplicar medicamentos hasta 80 veces más fuertes que la morfina buscando quitar el sufrimiento pero no buscando la muerte. Sin embargo hay medicamentos que deprimen el sistema respiratorio, por ejemplo”.

La Encuesta General Social 2008 realizada por el organismo Parametría y El Colegio de México, y la cual es difundida por El Colegio de Bioética y el Foro Consultivo, Científico y Tecnológico, preguntó a los encuestados: “Cuando una persona tiene una enfermedad que no se puede curar ¿usted considera que los doctores deberían tener el derecho legal o no de terminar con su vida si así lo quieren el paciente y su familiar?”.

Seis de cada 10 encuestados respondieron afirmativamente. El documento indica que en la Ciudad de México el 27 por ciento respondió de manera negativa, mientras que en el resto del país la mitad de los habitantes manifestó estar de acuerdo.