El alcohol y sexo

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El alcoholismo es un problema de salud en el ámbito mundial. La incidencia en etapas cada vez más tempranas de la vida; las limitaciones que acarrea en el desempeño laboral, social y familiar de quien lo padece, y la proporción de víctimas por accidentes y actos violentos relacionados con el alcohol, agudiza su problemática, que aumenta año con año.
Según la Encuesta nacional de adicciones (2008), en el estado de Jalisco el consumo de bebidas alcohólicas es uno de los principales problemas de adicción, en que siete de cada 10 niños de entre 12-17 años han ingerido alcohol alguna vez en la vida, siendo la edad de inicio promedio a los 12.6 años. En el nivel secundaria, el 31.3 por ciento de los adolescentes han consumido alcohol, mientras que en preparatoria el consumo se eleva hasta un 51.5 por ciento.
El consumo elevado de alcohol tiene efectos adversos sobre la salud, y produce en el contexto social, laboral y familiar, importantes afectaciones, dependiendo de si el sujeto presenta consumo agudo o crónico de alcohol, así como de la edad y sexo. Sus repercusiones en el aspecto funcional del cerebro, llevan como consecuencia la afectación de las habilidades motoras, cognoscitivas, motivo-emocionales y de reproducción.
En el contexto de la actividad sexual, existen múltiples reportes de los efectos adversos que el consumo crónico de alcohol provoca en los individuos. Se ha descrito que una dosis pequeña de alcohol actúa como estímulo erótico, facilitando la erección, así como la desinhibición emocional. Sin embargo, la intoxicación aguda con elevadas dosis, induce hacia dificultades de erección, asociadas con torpeza e ineficiencia de la interacción sexual.
Hombres alcohólicos crónicos presentan disfunción endocrina, atrofia testicular y prostática, así como disfunción sexual, como resultado de alteraciones a nivel hormonal. En pacientes alcohólicos hay un descenso de los niveles de dihidrotestosterona y testosterona, hormonas relacionadas con el adecuado desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, por lo que tal descenso podría ser la causa del hipogonadismo que presentan tales pacientes. También se ha visto que hombres con cirrosis inducida por el alcohol muestran niveles elevados de estradiol.
Por consideraciones éticas, muchos de los estudios en relación al alcohol y conducta sexual se han realizado utilizando modelos animales, como la rata. Se sabe que dependiendo de la etapa del desarrollo, y la vía de administración, el alcohol actúa de manera distinta sobre diversos parámetros relacionados con la reproducción.
También es sabido que en la rata macho adulta el alcohol desencadena deficiencias reproductivas, como anormalidades en el esperma durante su desarrollo y transporte al epidídimo y disminuye la ocurrencia de respuestas copulatorias de monta, intromisión y eyaculación.
Ya que los efectos del alcohol asociados a la conducta sexual resultan de alteraciones funcionales a nivel cerebral y hormonal, en los laboratorios de neurofisiología de la conducta reproductiva y de correlación electroencefalográfica y conducta, del Instituto de Neurociencias, de la Universidad de Guadalajara, se realizan investigaciones para caracterizar el funcionamiento cerebral durante los aspectos motivacionales y de ejecución sexual y su alteración como resultado de la ingesta aguda o crónica de alcohol.
Hemos reportado que la administración intraperitoneal de alcohol induce un efecto bifásico, dependiente de la dosis sobre la inducción de erecciones peneanas en ratas, de tal forma que si bien dosis bajas se asocian con una mayor frecuencia y duración de erecciones, las dosis altas disminuyen e incluso llegan a suprimir tales respuestas. En humanos hemos reportado que el alcohol suprime la respuesta electroencefalográfica de la corteza prefrontal, que en condiciones normales ocurre en respuesta a la observación y procesamiento de estímulos eróticos.