El agua que dejamos correr

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El agua en Santa Paula no es un derecho, es una promesa incumplida. En esta colonia de Tonalá, que surge a un lado de la carretera Guadalajara-Zapotlanejo, hay más agua en las calles, en enormes charcos alimentados por tuberías rotas y las recientes lluvias, que en los grifos de las casas. Por las terracerías infestadas de moscas se pueden observar mangueras que tendrían que llevar el servicio de agua potable a las humildes moradas, y que en cambio sobresalen estériles de la tierra, como conjuntos de malas hierbas.
Esta es una de las colonias que Children Internacional ubica entre las más marginadas de la zona metropolitana de Guadalajara, y donde instaló uno de sus cinco centros comunitarios de apoyo para menores de edad desamparados. El edificio de la asociación civil se ubica a espaldas de la polvorienta unidad deportiva y a un lado de la Delegación municipal. Allí, mientras junto con el fotógrafo buscaba sin éxito al delegado, un bien intencionado y corpulento oficial de la policía municipal se nos acercó y, estrechándonos la mano, dijo: “Aquí estoy a sus órdenes, por cualquier cosa. Si intentan asaltarlos o algo, me llaman”. Lo único que pude contestar a esta proposición, que me sonó más a advertencia, fue: “Gracias, pero esperemos que no”. “Nunca se sabe”, respondió él, grave, y subiéndose a la patrulla agregó: “ya ve, aquí hay de todo”, y luego arrancó levantando un nubarrón de polvo.
Santa Paula carece de muchos servicios. Las paredes de ladrillo de las casas tienen más graffitis que pintura, las calles más piedras y baches que asfalto, pero sobre todo, buena parte de sus habitantes carecen de agua potable, al igual que otras 29 colonias del municipio de Tonalá. Según información del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), en los cuatro municipios que conforman la zona metropolitana, padecen de la misma problemática cuatro colonias de Tlaquepaque y 19 de Zapopan, que con las de la villa alfarera suman un total de 52.
A finales del año pasado, Francisco Ayón López, presidente del consejo de administración del SIAPA, dijo a distintos medios de comunicación locales que “el propósito será cubrir estas colonias en el año 2013 y concluir en el 2014 con el 100 por ciento de cobertura de estos cuatro municipios en cuanto a agua potable y alcantarillado”. Para esto prevén contar en 2013 con un presupuesto de 500 millones de pesos. Añadió que llevar el servicio es un “déficit moral” que el organismo tiene con esas colonias desde hace cinco años, cuando les fue “prometido” por la administración anterior, encabezada por el entonces director Rodolfo Ocampo. Esa promesa es todavía visible en muchas de las casas de Santa Paula: una calcomanía azul que lleva la sigla de Conagua y en medio un grifo goteante rodeado por dos lemas, en la parte superior: “Todos con agua”, y en la inferior: “Yo sí quiero AGUA”.
Amparo Ruvalcaba me indica la calcomanía pegada en la fachada de su casa, ubicada en la calle José Álvarez Franco, una de las arterias principales que cruzan el barrio de Santa Paula. “Somos muchos los que queremos agua”, dice la señora de 64 años, originaria de Zacatecas, que cuando niña llegó a vivir con su familia a esta colonia. “En esta calle viven muchos de mis parientes, bueno, los que no se fueron a Estados Unidos. Nadie tiene el servicio”.
La esperanza de Amparo no empezó hace pocos años: tiene 37 años viviendo aquí, y nunca tuvo agua en su casa. “La agarramos de un pozo y del aljibe”, comenta. “Para llenarlos, el ayuntamiento nos cobra 40 pesos, pero hay que madrugar, porque muchas veces hay demasiados pedidos y no le alcanza para todos”. La alternativa, en esos casos, es contratar una pipa privada que le cuesta 250 pesos. “Al inicio del año pasado abrieron la calle y pusieron las tuberías. Pero nomás allí se quedó: no acabaron los trabajos y nunca nos llegó el agua”.
Amparo sigue teniendo esperanza que el letrerito azul llame la atención de las autoridades. Lo que no sabe, es que el programa “Todos con agua” ya fracasó hace mucho en Jalisco, por un desvío de recursos que fue detectado en el SIAPA a mediados de 2011, y que derivó en la pérdida de 348 millones de pesos.
En Santa Paula no sólo falta el agua: además se las cobran. “Muchos están recibiendo recibos bien caros, y ni siquiera el servicio tienen”, dice Amparo.
Es el caso de una familia que vive a tres cuadras de su casa, por la calle Delicias. “Afuera tenemos unas mangueras tiradas allí, sin conectar”, asevera una de las hijas, que por ser menor de edad prefirió no revelar su nombre. “Mi papá hizo un chanchullo para tener agua. No sé bien cómo le hizo, porque nunca nos conectaron a las tuberías. No tenemos medidor e igual nos siguen llegando recibos”, y nos enseña el último que les llegó para 2012. El estimado de ese año (23 mil pesos), sumado a adeudos anteriores, da un total a pagar de 114 mil pesos. “¿Y para qué? Si no nos dan nada”, pregunta la muchacha.

Un caudal de pendientes
La Organización de las Naciones Unidas declaró 2013 “Año de la Cooperación en la Esfera del Agua”. Una esfera en que Jalisco presenta una serie de problemas y pendientes a resolver, en particular en la zona metropolitana, y que conciernen principalmente con el abastecimiento, la cantidad y la calidad del agua para consumo humano.
José Antonio Gómez Reyna, experto en cuestiones hídricas y rector de CUTonalá, comenta que el reto en Guadalajara es mantener un nivel aceptable de calidad y abastecer de agua potable a la metrópoli, que creció desordenadamente y sin respeto para los usos del suelo.
Guadalajara obtiene agua de dos formas: del subsuelo, de los llamados acuíferos, y de la lluvia, es decir, los escurrimientos superficiales. “Las fuentes subterráneas cada día están más profundas y es más difícil extraer el agua, con mayor cantidad de contaminación geológica e industrial”, explica Gómez Reyna, “mientras que el agua superficial la obtenemos principalmente de la presa Elías Chávez y del lago de Chapala”. En el caso de este último, explica que recibe un caudal de contaminantes bacteriológicos, organoclorados y metales pesados, algunos propios del estado de Jalisco y otros importados de otras zonas del país, que requieren cada uno de un tratamiento específico.
En estas condiciones, “el sistema intermunicipal no se da abasto para darle agua a todas las colonias y a todos los habitantes, que día a día siguen creciendo indiscriminadamente en las zonas urbanas, y en particular para darle a todos agua potable. En algunos casos la entregan agua tratada y en otros ni siquiera pueden ofrecer el servicio”.
Otra cuestión, añade, es que de toda el agua que consume Guadalajara (de 13 a 14 metros cúbicos al segundo) se vuelve a reutilizar apenas cuatro por ciento, y no hay diferenciación entre usos (doméstico, agrícola y comercial). Sin embargo, Gómez Reyna opina que el problema más grande en Jalisco es la gran cantidad de agua que se pierde por ilícitos, por las redes clandestinas, por gente que no tiene sistema de medición y paga un estimado, y sobre todo por fallas en la red hidráulica: “Se calcula que hay un promedio del 40 por ciento de pérdida”.
¿Qué se puede hacer para empezar a resolver estos problemas? “Lo primero es plantear una nueva política, porque en los últimos años ha sido un fracaso: las fuentes siguen contaminadas, la cantidad es cada día menor, los sistemas para traer más aguas la mayoría de las veces obedecen a intereses políticos y económicos y no al bien común. Se necesita una serie de personas con otra visión y con compromiso social, un equipo multidisciplinar que conozca cuál es la verdadera problemática del agua”.

Una cuestión política
Para Salvador Peniche Camps, investigador del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), el primer problema que hay que resolver en Jalisco en el sector del agua es el organismo que la administra –léase SIAPA o en el organismo en que se convertirá–. Además del proceso por desvío de recursos (en el que están demandados tres ex funcionarios, entre los cuales el anterior director), la institución tenía a finales de 2012 una deuda de dos millones 500 mil pesos con el Banco Interacciones y el Banco Interamericano de Desarrollo.
“La evidencia, reconocida por las mismas autoridades, es que tenemos un problema serio en la administración del organismo operador, con un proceso de malversación de fondos. Esto, junto con el problema del abasto y saneamiento del agua, nos habla de una situación crítica”, dice el académico.
“La sociedad civil está molesta y preocupada, porque ante una crisis, en lugar de que se discutan las causas y se finquen responsabilidades, se da un carpetazo, como si no hubiera pasado nada y se continúa por el mismo camino, sin reestructurar el modelo”.
Considera que ahora es un buen momento, no para salvar la institución como tal, sino para repensar el modelo: “Desgraciadamente, lo que surgió de esta crisis es sólo el aumento de las tarifas, que para colmo el organismo justifica con el desfalco de recursos que ha sufrido en la pasada administración”.
“Lo primero que hay que hacer es un diagnóstico real de lo que está pasando, porque existe desinformación en esa materia, y sobre todo cambiar esta lógica de que el agua es propiedad de la autoridad. El agua es de los ciudadanos y los funcionarios son los empleados que tienen la obligación de informarnos y consultarnos sobre lo que queremos hacer con nuestra agua”.
El agua se convirtió en un asunto económico, y “se toman decisiones de acuerdo a intereses particulares sin el mínimo escrutinio. Necesitamos una autoridad moderna, democrática, que entienda que son servidores públicos, y tienen que responder a la sociedad”.
Los instrumentos principales para esta reorganización, concluye, son una adecuada política tarifaria y la gobernanza: “Mayor participación ciudadana, y que las partes sociales se involucren en el diseño y monitoreo de los procesos relativos al agua”.