Delincuencia a la vista de todos

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“Mi bolsa, mi bolsa, gritaba una turista en medio de las escaleras que comunican la plaza Tapatía con el mercado San Juan de Dios. Y empieza el corredero por todos lados”, narra Gregorio Hernández, un comerciante de bolsas de piel, con más de 10 años instalado en los pasillos de la plaza Tapatía.
El hecho resulta común en la zona aledaña al mercado más grande de la América morena.
Añade que el ”bolzazo“ a turistas es lo más frecuente, sobre todo cuando empieza a caer la tarde, “aunque ahora con el cambio del horario de verano, como que ha estado más tranquilo”.
—¿Cómo consideras el lugar, seguro o no?
—En el día es seguro, sobre todo porque hay mucho apoyo policiaco en las joyerías, pero nomás cae la noche, la cosa se pone medio pesada, más ahora que las luces de la plaza Tapatía no funcionan bien.
“Otra zona peligrosa, sobre todo en la noche o en las mañanas, es la placita donde estaban los caballos y ahora se estacionan los minibuses, atrás del Cabañas. A una amiga mía la acaban de asaltar. Imagínate todas las chicas que entran a trabajar en las mañanas y traen sus relojes, medallitas… se las jalan y… a correr”.

Es “normal” el robo de billeteras
Para el policía en bicicleta Arturo Hernández, quien tiene más de año y medio de patrullar los alrededores de San Juan de Dios, no es que la zona sea “peligrosa”, sino que abundan los “indigentes y cuidacoches, que son medio borrachitos”.
—¿Quiere decir que la zona no es peligrosa?
—Lo mínimo. Ha bajado, ¿eh? Incluso hay comentarios de los locatarios acerca de que ha disminuido el índice de delincuencia y de pandillitas. Uno trata de estar al pendiente. Desafortunadamente vienen muchas personas ajenas a robar. Ellos son los que aplican las “claves negativas”, como les llamamos.
Añade que alrededor de cuatro elementos (dos parejas) en bicicleta y una patrulla con tres compañeros rotan tres turnos de 10 horas cada uno, “para que el cuadrante siempre esté cuidado”.
—¿Mucho trabajo?
—Lo normal: robo de billeteras, borrachitos, detención de cadeneros que por lo general asaltan en las paradas de autobús, que, como le comenté, ya han bajado. Antes había robos a diario por las mañanas, pero ahora son más esporádicos. Es un foco rojo esta zona.
—¿Como cuántas detenciones realizan en un mes?
—Hay temporaditas. Como hoy, que es quincena, tenemos que estar al pendiente y “sobres” con los “paqueritos”, “conejeros”. También debemos vigilar el “arrebato del dinero”, cuando los asaltantes esperan a sus “clientes” después de que cambian el cheque de su quincena. No puedo decirte cuánto, pero ha bajado.
—Más o menos…
—Sería hablar al vapor, pero te puedo mencionar que hoy llevamos 10 detenciones por falta administrativa y tres por robo. Es lo que tenemos de las siete de la mañana hasta las 12 del día. Al cierre del turno aumenta. Mira, varía el número, pues hay de 20 a 30 detenidos por faltas administrativas, y tres o cinco por robo.

Redes de corrupción
“Las percepciones de la delincuencia” es una investigación del doctor David Coronado, jefe del Departamento de Sociología, de la Universidad de Guadalajara, en la que describe las redes de corrupción entre policías y bandoleros en la zona de Analco y sus nexos con San Juan de Dios.
“El peligro surge no tanto por las pandillas que merodean por ahí, sino por los “negocios” tan peligrosos que operan en el sitio, desde: prostitución infantil (masculina y femenina) y casas que venden enervantes, hasta laboratorios donde elaboran drogas”.
La investigación del universitario advierte sobre el grado de corrupción de la policía local, ya que durante sus rondas por Gigantes, Gómez Farías, Aldama, Abasolo, van recogiendo droga que luego llevan a algunas llanteras de la zona para que las revendan. “Al día siguiente van los policías a recoger el dinero”.
“Hay convenios establecidos entre los dueños de las narcotienditas y los policías, para que respeten a sus clientes habituales, mientras a los ocasionales propician que los aprendan o les recojan la droga. De esta manera garantizan la estabilidad de la narcotiendita y pueden los guardianes del orden justificar su ‘trabajo’”.
—¿Cuántas narcotienditas pudo comprobar que existen en la zona?
—Es difícil precisarlo, porque hay venta de drogas en casas particulares. Está el caso de una vecindad de la calle Cuitláhuac. Los que ahí venden ponen su tendido de drogas, de las 11 de la noche a las seis de la mañana. Ahí pueden comprar lo que se les antoje y, al fondo de la vecindad, consumirla en los cuartos.
“Eso está a la vista. Todo mundo lo sabe. Hasta la misma policía. Lo interesante del caso es que quienes venden la droga no viven ahí, sino que pagan renta a los que ahí habitan, para que les permitan hacer negocios”.

Barrio marginal
San Juan de Dios es un microcosmos. En una manzana puede verse el México contemporáneo con sus vicios y virtudes. ¿Qué no será posible comprar en sus alrededores? ¿Qué no sucede en sus esquinas, que no descansan ni de día ni de noche?
Por sus calles y mercado deambulan comerciantes, fayuqueros, mariacheros, pordioseros, artistas, merolicos, artesanos, intelectuales, policías, prostitutas, malandrines, raterillos, drogadictos y un sinfín de personajes que son un auténtico laboratorio para los sociólogos.
“En nuestra ciudad hay barrios más antiguos, como Mexicaltzingo o el Santuario, pero la zona de Analco-San Juan de Dios, que no tiene límites precisos, podría ser considerada el primer barrio marginal de Guadalajara”, señala David Coronado.
Además habría que agregarle el comercio tan intenso que existe por Gigantes, Obregón, Javier Mina, que en navidad o el 10 de mayo hace más factible el robo o ser asaltado.
David Coronado pudo percatarse de las redes y alianzas que hay entre los habitantes de la zona con los delincuentes, pandilleros, vendedores de droga o “tumbadores”, a quienes incluso llegan a proteger cuando son perseguidos.
“Las azoteas de casas y vecindades están comunicadas entre sí. Cuando algún delincuente es perseguido por la policía, al meterse en alguna casa resulta prácticamente imposible su captura, por las alianzas que han hecho los vecinos”.

“Nos cambiamos enfrente”
David Coronado afirma que San Juan de Dios siempre se ha distinguido por las redes de prostitución, que a pesar de los “esfuerzos” de la policía, “continúan ahí. Es más, han crecido y aprendido a disimularse en el paisaje urbano. Cualquiera que vaya se topará con ellas. Están con minifalda, en la puerta del hotel”.
“Hace como dos años cerraron una casa donde ofrecían prostitución infantil; bueno, pues ahora están enfrente. Lo único que hicieron fue cambiarse de cuadra. Casi casi ponen un letrero de “nos cambiamos enfrente”, porque todos lo saben. Es terrible y nadie debería estar de acuerdo con esto, pero nadie hace nada”.