Contrastres

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    México es un país de contrastes. La polarización entre esferas políticas y sociales, la riqueza desmedida de algunos y la pobreza extrema de muchos o el machismo y el matriarcado que domina a la familia, núcleo fundamental de la sociedad, son ejemplos claros.
    El pasado día 25, se celebró el Día mundial en contra de la violencia hacia la mujer, esta fecha se tomó a raíz de cuatro damas que luchaban en contra de la tiranía trujillista en República Dominicana, fueron asesinadas.
    Las cifras son alarmantes en Latinoamérica, por ejemplo, en Chile el 60 por ciento de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia doméstica, en Colombia el 64 por ciento de las mujeres han soportado agresiones, en Perú el 70 por ciento de los delitos denunciados por las mujeres están relacionados con ataques físicos de sus cónyuges, en Jamaica el 40 por ciento de las madres asesinadas lo son dentro del interior del “hogar”. En Argentina, el 42 por ciento de las defunciones a mujeres, fueron realizados por sus parejas. ¡Impresionante, pero aún más, indignante!
    En el resto del mundo, las vejaciones no son menores, existen cerca de 120 millones de mujeres que han sufrido mutilación genital alrededor del orbe. En nuestro país, según el Instituto de la Mujer del Distrito Federal, el 70 por ciento de las mujeres aseguraron sufrir de maltrato por parte de su pareja.
    Se ha dado un paso importante en la consecución de una sociedad digna; tipificar como delito el abuso sexual entre cónyuges es sin duda, un paso adelante.
    Recientemente se ha llevado a cabo una campaña en donde mujeres reconocidas en diversos ámbitos nacionales, aparecen golpeadas bajo el lema, “Si golpeas a una, nos golpeas a todas”. No es suficiente, México tiene que reconocer un déficit en la educación de sus jóvenes. Tenemos que examinar que la formación inicia en el hogar, y que en muchas ocasiones las primeras en inculcar el machismo en los niños (y niñas), son las propias madres.
    Si las mujeres no denuncian, son cómplices de esta barbarie, si los vecinos no denunciamos, también lo somos. Hay que comprometerse, hay que cambiar las estadísticas, primero en casa, después en la ciudad, en el país y en el mundo.
    Las mujeres han sido, son y serán el núcleo de nuestra sociedad, como tal, no debemos y más importante aún, no deben ellas, permitir ningún tipo de agresión. La sociedad está cambiando, esperemos que pronto permutemos también las estadísticas.

    Javier Estrada Figueroa