Construyendo ambientes enfermos

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¿Por qué se está enfermando la gente aquí?, es la pregunta que desde hace poco más de dos años hacen investigadores y periodistas que llegan a San Pedro de Itzicán y a Mezcala, pequeños pueblos de 5 mil habitantes de la Ribera de Chapala, donde por lo regular no acuden los turistas que atiborran las otras localidades del lago. “Vienen porque, sobre todo en San Pedro, hay mucha gente enferma del riñón”, dice Sandra Moreno, quien colabora en Mezcala con la Asociación Trasplantados.

Es el 3 de noviembre, y como cada primer domingo del mes, esta asociación que ayuda a personas con insuficiencia renal en el Hospital Fray Antonio Alcalde de Guadalajara, organizó una reunión para proporcionar información sobre la enfermedad a los pobladores de la zona. Hoy acudieron alrededor de 20 personas, entre las que hay pacientes, familiares y posibles donadores. Hay también historias, todos conocen o conviven con alguien que “está malo del riñón”.

Falta información
“Aquí en Mezcala, que sepamos, hay alrededor de 50 casos de insuficiencia renal, pero quizás haya más. No sabemos cuántos en San Pedro, pero son muchos más. Creemos que tiene que ver con el agua, porque aquí a lo que se dedica la gente es a la pesca. Además nos han dicho que el lago está contaminado, que tiene mercurio”, dice Sandra, una de las 20 personas que acudió este domingo 3 de noviembre a conocer la labor de Asociación Trasplantados.

“En San Pedro hay muchos más que aquí, pero no sabemos por qué. A uno le falta más orientación”, abunda Ofelia, que viene del pueblo vecino para informarse sobre cómo pueden ayudarle a su sobrino Pascual Torres, quien ha sido diagnosticado con insuficiencia renal.

En San Pedro de Itzicán casi todos son pescadores, pero en Mezcala, además de a la pesca, 30 por ciento de sus pobladores se dedican al campo: “También nos han dicho que los pesticidas que usamos pueden tener que ver”, explica Jacobo, vecino y familiar de un paciente con insuficiencia renal, “y cada año los vamos cambiando, no me acuerdo ni de los nombres. Pero el agua sí está sucia, en verano la vemos verdosa y tiene mal olor”.

Los asistentes a la reunión explican que 10 años atrás no se hablaba tanto del tema y mucha gente iba a hacerse “limpias” porque creía que la insuficiencia renal era producto de las malas vibras. Personas hinchadas, con piel amarillenta y moretones. Actualmente, la mayoría se va fuera, dicen, a los hospitales civiles o al seguro social, algunos  no pasan por la clínica del pueblo. Otros, sencillamente no se tratan, ni se hacen los estudios “porque son muy caros”.

Para el médico Jaime Ortega, quien labora en la clínica del Seguro Popular de Mezcala, “la insuficiencia renal es un padecimiento de distintas causas, una de las más comunes entre los adultos es la diabetes, no necesariamente la contaminación del agua, como se dice, porque de eso no hay nada comprobado”.

Señala que el número de personas diagnosticadas positivamente con insuficiencia renal en la localidad no rebasa los 25 casos, aunque considera que podrían existir otros 5, menores de edad, que no han pasado por la clínica.

“Efectivamente, sabemos que hay más casos en San Pedro de Itzicán, pero dudo que sean tantos como para llegar a las cantidades que maneja la gente”.

La doctora Rosa Scherman Leaño, del Departamento de Salud Pública del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), coincide con el doctor Jaime Ortega respecto a que la insuficiencia renal es multifactorial, en la que influyen la diabetes (en adultos), las malformaciones congénitas (en niños) y los aspectos ambientales, que son los más difíciles de abordar. No obstante, los agrotóxicos, empleados desde de la Segunda Guerra mundial hasta la actualidad en el campo e indirectamente en el agua, son reconocidos como causas relacionadas con la enfermedad.

En 2012, Laura Arreola Mendoza, investigadora de la Escuela Superior de Medicina, del Instituto Politécnico Nacional, apuntaba que quienes ingerían agua contaminada podrían desarrollar insuficiencia renal. La académica reveló casos de niños, de la región centro-norte de México, con daño renal y la causa podría ser la presencia de metales pesados, metaloides y fluoruros en el agua.

Con la intención de obtener datos sobre los casos diagnósticados con insuficiencia renal en San Pedro de Itzicán, acudimos a la clínica del Seguro Popular de dicha comunidad. Su director, Napoleón Sánchez Flores, explicó que correspondía a la Secretaría de Salud hablar sobre el número de pacientes concretos al tratarse de información confidencial. Además, apuntó: “Nosotros diagnosticamos, pero la etiología o causa de la enfermedad, no la sabemos, sobrepasa a nuestro nivel de servicio”.

Berenice, vecina de esta comunidad, afirma conocer por lo menos a tres personas que tienen problemas del riñón. “Una señora acá enfrente, un señor por aquí que ya se murió y acá a la vuelta una niña, joven pues, que también le hacen diálisis”. Todas viven en la misma cuadra. Sin embargo, es difícil saber la cantidad de casos probables y diagnosticados. La Secretaría de Salud, región sanitaria 4, no respondió a las solicitudes de información de este medio.

La espera en el piso cinco
Hace calor en el piso cinco de la torre de especialidades del Hospital Civil Fray Antonio Alcalde. Aun así, esa mañana del martes 29 de octubre, no es el calor lo que agobia a la gente que está de pie junto a las camas o sentada con la vista fija en el ventanal de este cuarto, donde sus familiares están siendo atendidos por insuficiencia renal. Guadalupe Galindo, de 21 años, está sentada en la cama 11 y respira con ayuda de un máscara de oxígeno. Su padre ha conseguido inscribirla en el programa de la Asociación Civil de Trasplantados, para recibir tratamiento de hemodiálisis gratuito; pero un súbito estado de coma cambió sus planes y fue necesario internarla en el piso cinco, donde después de dos días despertó. No obstante, debe permanecer internada indefinidamente por insuficiencia respiratoria.

“Ocho días aquí y en la casa otros dos o tres, luego se pone mala y la volvemos a traer”, dice su madre Juana, quien la acompaña hoy con su cuñada Ana. Vienen de Mezcala, tres veces por semana, desde cuando supieron hace tres años y medio el diagnóstico, y tuvieron que empezar las diálisis, que con el descuento que obtienen de la oficina de trabajo social les cuestan entre mil y mil 500 pesos cada una.

“Ahora nos dicen que tiene tuberculosis”, continúa, “y no puede respirar sola…”; pero la interrumpe una enfermera que viene a llamarla, porque su hija acaba de tener una crisis respiratoria.

Grupos de apoyo
Georgina Velasco García es investigadora en el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), donde trabaja en el proyecto “Gestión de recursos desde una asociación civil para la atención de problemas de salud”. Es también presidenta-fundadora de la Asociación Trasplantados en el Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, una idea que concibió al interior del nosocomio, cuando su propia hija, diagnosticada con este padecimiento, se sobreponía a una crisis.

Desde entonces, hace ya ocho años, labora para ofrecer información y trabajar en la gestión de recursos para el tratamiento de pacientes con insuficiencia renal. Dice que la asociación “surgió por la necesidad que hay por parte de un grupo muy desprotegido de personas en pobreza extrema que acuden a atenderse al Hospital Civil y no pertenecen a ningún sistema de seguridad social. Lo que hacemos es gestionar los recursos para los tratamientos, a veces para los estudios y en la preparación para acceder a un trasplante”.

Según el Sistema Nacional de Salud, apunta Velasco García, ésta es una enfermedad catastrófica, por el alto costo en los tratamientos y la falta de detección temprana del padecimiento. La gestión de recursos es una tarea ardua pero efectiva, afirma, ya que gracias a ello “hemos podido obtener de partidas municipales, estatales y federales medicamentos, insumos para hemodiálisis y desde 2009 dos máquinas para poder ofrecer hemodiálisis gratuitas”.

No obstante, el costo total continúa siendo muy alto, explica, y la problemática de que el Seguro Popular aún no se abra a cubrir esta enfermedad con sus recursos hace que, a pesar de los descuentos y subsidios, las familias de los pacientes deban pagar por lo menos 35 mil pesos en estudios de protocolo y pruebas de compatibilidad con el potencial donador, mil pesos en cada hemodiálisis, 75 mil por el procedimiento del trasplante y, aun después, 10 mil pesos mensuales de por vida en inmunodepresores.

Por otro lado, es una de las enfermedades, junto con la diabetes, que se está extendiendo en nuestro país y en el estado. Según la estadística de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las defunciones en Jalisco por insuficiencia renal aumentaron de 639 en 1999 a 952 en 2011, sumando en este lapso un total de 8 mil 839 fallecimientos.

En el caso de las comunidades de Mezcala de la Asunción y San Pedro de Itzicán, dice Velasco García, asisten allí el primer domingo de cada mes por ser localidades de bajos recursos económicos y que presentan alta incidencia en casos de insuficiencia renal.

“Por ejemplo, tenemos una familia con cuatro hijos enfermos. Creemos que tiene relación con el agua —pues la beben del grifo o del lago por no contar con los recursos para adquirirla embotellada— y con el hecho de que consumen pescado de la laguna casi todos los días. Es el factor común, aunque sabemos que esta enfermedad es multifactorial. Por esto, una de nuestras propuestas es gestionar la instalación de un sistema de filtrado y depuración del agua en San Pedro Itzicán, y con ello tratar de combatir en una de sus aristas el problema de salud que hay”.

La muerte en el piso cinco
En el piso cinco no hay una camilla libre. Hasta las sillas están todas ocupadas por pacientes en espera o sus familiares. Juana y su cuñada toman un café, paradas, en el sofocante pasillo. Hace un mes que internaron aquí a Guadalupe, “y no nos dan esperanzas, dicen que ya no hay lucha, no sabemos qué hacer”, comenta la madre, sorbiendo de su vaso.

“Está viniendo toda la familia, nos ayudan, pero lo que queremos es ya llevarnos a mi hija, al menos para que esté en casa”. Ahora, son los murmullos y los llantos provenientes de la cama 8 que nos interrumpen. Todos miramos, sin decir nada, esa camilla con bolsa negra que los enfermeros, impasibles, empujan hacia el elevador…

 

Investigación en pañales

El doctor Felipe de Jesús Lozano Kasten, del Departamento de Salud Pública, del CUCS, desarrolla desde hace cuatro años un proyecto interdisciplinar con la Universidad de Harvard y la Universidad de Nueva York, llamado “Los efectos del medio ambiente en mujeres embarazadas y neonatos”, en torno al Lago de Chapala.

Ha comenzado por las localidades de Jocotepec, Tuxcueca y Chapala, y pretende continuar con otras de la ribera, incluida Mezcala de la Asunción. Su estudio ha abierto una línea de investigación novedosa en México, pues si bien “muchos estudios buscan presencia de sustancias en el agua y en el ambiente, muy pocos lo hacen en el organismo humano. Para ello, se necesita mucha experiencia, múltiples grupos interdisciplinarios y años. A nosotros nos faltan unos veinte, pero alguien debe empezar y trabajar para los que vienen si queremos que cambien las políticas públicas”.

El proyecto, que abarca el estudio de distintos elementos en el ambiente, inició con la vertiente del metil-mercurio. El análisis de 300 mujeres embarazadas y, posteriormente, de sus recién nacidos, a través de muestras de cabello —importantes almacenadores de mercurio en el cuerpo— arrojó que una sustancia no natural al organismo humano como el metil-mercurio es absorbida por la madre y transmitida al neonato, de forma que su organismo desde el momento del nacimiento está contaminado. “El análisis de las muestras se llevó a cabo en Nueva York, no en México donde la norma de medición es más laxa por varias partes por millón”, puntualiza Lozano Kasten.

En el total de casos la constante ambiental era el agua y el pescado de la región, base de su alimentación y en el que los estudios previos han demostrado la presencia de metil-mercurio.

“Los metales pesados son disruptores endócrinos, o sea, lesionan las glándulas endócrinas a mediano y largo plazo. Por eso, lesionan el páncreas y hay diabetes; lesionan la tiroides y hay hipotiroidismo, y tenemos indicios de que la obesidad también tiene relación con metales pesados, pero aún debemos demostrarlo”.

No obstante, añade: “Lo que sabemos hasta ahora es que cuando el niño nace con metil-mercurio, esto afecta el desarrollo neuroconductual y genera problemas de lento aprendizaje, aunque no sabemos hasta qué punto”.

Sin embargo, continúa, “cuando lo dijimos hace dos años y medio en un congreso sobre el Lago de Chapala se escandalizó el entonces secretario de salud nacional, y los presidentes municipales de la región junto con las cooperativas de pescadores mandaron hacer un estudio con la norma mexicana, que arrojó que los niveles de mercurio eran aceptables. No obstante, tiempo después caímos en cuenta de que tal estudio analizó filetes y no el cerebro, el hígado o la hueva de los peces, órganos vitales grasosos donde suele concentrarse el mercurio”.

A nivel internacional se conoce que el tiburón, el pez vela y el marlin tienen mercurio que absorben del agua. Cuanto más grande el pez mayores cantidades de metales pesados, porque los comen y no los eliminan. Fuentes naturales de mercurio son los volcanes, pero la mayor cantidad de esta sustancia suele verterse en el agua por las plantas de producción de energía eléctrica.

Al respecto, Lozano Kasten dice que “aunque sepamos de la presencia de metales, por ejemplo, en el Lago de Chapala, tenemos todavía más preguntas: ¿desde hace cuántos años hay metales en el lago? ¿Y hace cuántos en la gente? ¿Es posible que las personas desarrollen cierto nivel de tolerancia a los metales? Aún no lo sabemos”.

Lo que sí se sabe es que en la actualidad “hay más cáncer, más diabetes y no puede el sistema de salud con todo. Tenemos que estudiar estos metales, es asunto de tiempo. El problema, sin embargo, estriba en que la infraestructura para hacer investigación ambiental está en pañales en nuestro país, además de que a algunos no les interesa que esto se investigue porque afecta intereses económicos en un mundo donde la base es la economía y no el desarrollo social. Estamos construyendo ambientes enfermos y generando gente enferma”.

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