Conservar la biodiversidad uno de los grandes retos del siglo XXI

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El tema de la pérdida de la biodiversidad es más complejo que otros, como el cambio climático, que ha quedado relegado entre la sociedad y los tomadores de decisiones, lamentó Julia Carabias Lillo, durante la conferencia inaugural de la Semana de la Biodiversidad 2016, que tuvo lugar del 23 al 26 de mayo y que fue organizada por el Centro Universitario de Ciencias Biológico y Agropecuarias (CUCBA).



“El cambio climático tiene mucha más aceptación y entendimiento, hay más acuerdos multilaterales, el mundo se está organizando para evitar catástrofes, pero el tema de la biodiversidad, que desde mi punto de vista es mucho más grave porque es irreversible —lo que se extingue, se extingue, y no vuelve a surgir—, no ha penetrado suficiente en la sociedad”, señaló la investigadora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


La especialista en temas ambientales, explicó que es necesario que la sociedad comprenda que procesos como la pérdida de la biodiversidad, de agua dulce, la degradación del suelo y otros, están interconectados con otros factores que influyen en el bienestar social.
 
“Esas interacciones, son los servicios ecosistémicos, estamos hablando de abastecimiento, de la regulación, los servicios culturales, la salud, la calidad de vida; cuando perdemos el ecosistema, empobrecemos a la población, en un proceso de deterioro de una sinergia que va en círculo vicioso”.
 


Señaló que la principal amenaza de la biodiversidad en el mundo es la deforestación, que ocurre por el cambio de uso de suelo para el cultivo agropecuario, lo que deriva además en la creciente problemática de incendios, por lo que aseguró que los esfuerzos de las diversas instituciones no servirán de mucho si el sector agropecuario no se compromete a evitar emplear el fuego como parte de su práctica agrícola.
 


Para contribuir a la conservación de la biodiversidad, Julia Carabias propuso un modelo de intervención territorial para sitios estratégicos donde se trabaje en la restauración y la reconversión productiva, por medio de Unidades de Manejo (UMA), Pago por Servicios Ambientales (PSA) y Ecoturismo, en el que se involucre la población local.
 
“La posibilidad real, es hacerlos en sitios estratégicos, por su biodiversidad y por la condición de sus poblaciones locales —indígenas, campesinas, en situación de pobreza— y entonces enfrentar un problema al mismo tiempo, de disminuir la pérdida de biodiversidad y de mejorar las condiciones de vida de la población”.