Certezas del populismo

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En medio del interés que el populismo contemporáneo (la versión clásica es de los años 30 del siglo XX) despierta en México, Enrique Peruzzotti realizó una lúcida exposición acerca del tema en el Departamento de Estudios Políticos, con lo que dejó sentadas algunas certezas.

En primer lugar, que el populismo contemporáneo se desarrolla en el seno de regímenes democráticos representativos consolidados, constituyendo la hostilidad hacia la separación entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, la independencia de la prensa y la falta de reconocimiento de la existencia de una oposición que ejerce legítimamente su rol, características del modelo populista democrático.

Las credenciales democráticas del populismo contemporáneo se basan en su legitimidad electoral, por lo que su supervivencia política está siempre supeditada a los resultados electorales que logre. La actual atención de la que goza el populismo contemporáneo obedece no sólo a su expansión global, sino a su creciente desplazamiento a fenómeno gubernamental. Los posibles escenarios institucionales en los que se desarrolla un proceso populista es factible develarlos a partir del tipo de régimen en que se origina la experiencia y de si la dirección del cambio se produce hacia un mayor o menor autoritarismo o democracia.

En contextos democratizados el populismo pone en marcha un tipo específico de cambio institucional, que tiene como horizonte un ideal o forma simplificada de democracia directa. Una versión del populismo contemporáneo es el denominado fundacional (Bolivia, Ecuador, etcétera), que pone en marcha procesos de desarticulación de engranajes centrales de la democracia representativa, como la separación entre los poderes ejecutivo y legislativo o la propia independencia del poder judicial.

Sin embargo, lo anterior no significa que la llegada de actores populistas al poder necesariamente supone siempre el comienzo de un proceso de desarticulación de engranajes centrales de la democracia representativa. Específicamente, es la conservación del estilo político confrontativo, una vez que ciertos líderes populistas llegan al poder, lo que alerta de que los recursos gubernamentales serán puestos al servicio de la remoción de algunos aspectos centrales de la institucionalidad democrático-representativa.

Durante el diálogo que Peruzzotti mantuvo con el público, el profesor no se mostró inconforme con la interpretación proveniente del auditorio de que el populismo contemporáneo es el fruto de la democracia representativa fallida, entendida como una democracia con niveles siempre crecientes de insatisfacción, a consecuencia del agravamiento de ciertos fenómenos negativos.

El hecho de que un experto en populismo contemporáneo no considere incómoda o ilegítima la interpretación sugerida desde el auditorio, cuando menos deja abierta la puerta a que se introduzcan ciertas interrogantes.

Así podemos preguntarnos si ¿los efectos perversos del funcionamiento de la democracia representativa conducen, en el mejor de los casos, a que la trayectoria de un país esté condenada a alternar fases representativas con etapas populistas? ¿Por qué razón en países donde claramente existe una enorme insatisfacción al respecto no se han generado expresiones de populismo contemporáneo y, en otros, en cambio, sí tienen lugar? Por último, ¿con base en qué evidencias consideramos que realmente la democracia representativa tiene capacidad para realizar ajustes que eviten la reproducción más o menos cíclica, con menor o mayor refinamiento, del fenómeno populista?

Contactamos al doctor Peruzzotti en Buenos Aires para conocer su perspectiva sobre el texto y las preguntas formuladas. Su respuesta fue la siguiente: “Me pareció una excelente síntesis y considero que las preguntas del final son pertinentes: para romper con la opción entre dos modelos hay que emprender procesos de innovación democrática que no eliminen los elementos positivos de la democracia liberal, pero que puedan dar respuesta a las cuestiones que alimentan la aparición del populismo”.