Cambios generacionales en mujeres migrantes

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Aprender una segunda lengua o tener acceso a la educación superior ha ayudado a las mujeres emigrantes que residen en Estados Unidos a emanciparse y a cambiar su perspectiva de cómo viven su sexualidad.

Muchas mujeres de la primera generación de migrantes que están en un proceso de transición desde el modelo tradicional, aún guardan características de éste, pero dejan a la pareja porque no están de acuerdo con su forma de ser o porque encuentran que pueden estudiar y salir adelante, explica Martha Gálvez Landeros, académica del Departamento de Desarrollo Social, del CUCSH, quien desarrolla un estudio acerca de este tema.

Dice que tanto las mujeres que emigraron hace más de 30 años (conocidas como de primera generación), como sus hijas que dejaron México cuando niñas o adolescentes, han modificado su percepción en cuanto al matrimonio, el número de hijos que pueden tener y su cuidado, además de buscar nuevas formas de superación. Cada generación ha adaptado estas transformaciones de diferente manera.

Fueron incluidas en el estudio migrantes que provienen de rancherías o pueblos de los estados de Jalisco, Michoacán, Chihuahua, Baja California y Zacatecas y están asentadas en la localidad Boyle Heights, en la zona este de Los Ángeles, California. El estudio se centró también en la escuela preparatoria “El sereno”, que está cerca del centro angelino.

Las mujeres de la primera generación están apegadas a la Iglesia católica y patrones dentro del sistema patriarcal. Aunque algunas tuvieron muchos hijos, una de ellas declaraba “que a escondidas de su marido tomaba pastillas anticonceptivas, porque su marido quería seguir teniendo los hijos que Dios le mandara”.

Muchas deben hacerse cargo de los trámites administrativos para su familia, pero es común que teman comunicarse en inglés. Gracias a que el gobierno de Estados Unidos les brinda la oportunidad de estudiar inglés en los llamados “colegios comunitarios”, pueden independizarse, afirma Gálvez Landeros.

Cuando se reconocen con todas esas habilidades y oportunidades —que tal vez si no se hubieran ido de sus pueblos nunca las habrían descubierto—, despuntan personalmente y deciden desvincularse y deberse para el otro, asegura la académica.

Las mujeres de la segunda generación, que ahora rondan los 30 años de edad, han tenido acceso a la preparatoria y carreras técnicas que les permiten descubrir que pueden tener “un desarrollo personal y profesional independiente a su desempeño como buena madre y esposa, que es lo que les demanda su sistema familiar”.

“Hay mucha población que no puede pagar el colegio y debe entrar a la vida productiva, y dejan de ocuparse intelectualmente. Esto es una pauta importante entre quienes siguen las tradiciones y la forma de reproducirse, pues la escolaridad está decidiendo nuevas rutas para la segunda generación de migrantes”, explica la académica.

Expresa que muchas de ellas han sido madres sin planearlo y prevalecen los embarazos entre las adolescentes, y un rasgo recurrente en éstas es que no creen que el matrimonio sea el único vehículo para ejercer su sexualidad. Algunas tienen diferentes parejas sexuales y la mayoría no están casadas.

“Hay algunas hijas que se han declarado lesbianas y las familias y ellas mismas lo han aceptado. Acá en México, pese a lo que se ha avanzado con las legislaciones para el matrimonio igualitario, aún es una cuestión de riesgo la homofobia. Ellos lo ven normal porque están en la cultura y bajo las reglas del sistema estadunidense. Las formas de pensamiento pueden ser más libres, porque existe un Estado y un sistema judicial que protege a las mujeres”.

Tampoco están vinculadas a los preceptos religiosos como sus madres, un aspecto que tiene que ver con la escolaridad, porque en un mundo multicultural como Estados Unidos, uno de los principios de la mayoría de las escuelas es que su calendario escolar y festejos no se sitúan en los calendarios de origen religioso.

En los aspectos culturales, las familias siguen relacionándose a través de las fiestas tradicionales y muchas de las mismas son religiosas. La segunda generación se escolarizó desde otras ideologías y otras perspectivas en Estados Unidos: “Muchas de estas chicas no han visitado México nunca, viven sus tradiciones a través de sus padres o de sus madres o su familia de origen”.

Uno de los aspectos importantes es que las nuevas generaciones continúan escolarizándose y se identifican más con la cultura donde crecen: “Las primeras siguen reproduciendo el idioma. En la segunda generación se está perdiendo.Algunas difícilmente hablan el castellano”.