A imagen y semejanza de Saramago

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Cuanto he perdido lo hallo a cada paso y me recuerda que lo he perdido.

Antonio Porchia

A seis años de su fallecimiento, recordamos al gran escritor portugués José Saramago: ¿qué hilos emocionantes toca para seguir, mientras transcurre el tiempo, emocionando al público de una gran parte del mundo? ¿Qué emociones remueve para que sus libros —que fueron escritos para ser obras novelísticas—, se sigan y se seguirán publicando por miles? Las obras reflexivas de José Saramago, Premio Nobel de Literatura, nos hacen pensar, confrontar y ver la fragilidad del hombre frente a las emociones. La trayectoria de Saramago es la historia de un escritor valiente en un mundo poblado de periodistas, de escritores, de intelectuales sumisos; de gobernantes  mediocres, corruptos y autoritarios.

Érase una vez un pensador sencillo, rebelde, dulce y poderoso. Érase una vez un novelista, cronista, poeta, que encarna una sabiduría y humor ácido en la negrura de los tiempos. Érase una vez un escritor que tuvo todo porque nunca buscó nada. Érase una vez un ser humano feliz a pesar de no buscar la felicidad. Érase un soñador-novelista que escribió historias de amor sin palabras de amor. Érase un ser humano al que no le daba igual. Érase un pensador que manifestaba que la ceguera es la ausencia de razón; que la pérdida de la visión es la pérdida de la razón; que la gente se vuelve ciega porque no se da cuenta de que su forma de vivir es totalmente errónea… de que Dios, el demonio, el bien, el mal, están en la cabeza de los hombres, no en el cielo o en el infierno; que no escribía para agradar o desagradar. Él escribía para desasosegar…; que no podía aceptar que sus pecados los pagará en el infierno y que ahí se quedaría por toda la eternidad; que son crueles todos los hombres que conciben la pena perpetua… y que la idea que Dios creó el hombre a su imagen y semejanza se invierte: nosotros hemos creado a Dios a nuestra imagen y semejanza.

Los escritos de Saramago, quien nació el 16 de noviembre de 1922 y murió el 18 de junio del 2010, son un acto y un canto de supervivencia, por la angustia y la desesperación, en un mundo absolutamente prosaico. Son una propuesta y una rebeldía feroz contra el tiempo que se está viviendo. Un grito de desesperación, un afianzarse a la vida y un rechazo a lo que no se quiere vivir.

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