28 de julio #DíaMundialHepatitis

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Las trasfusiones de sangre y relaciones sexuales no seguras, el uso de cortauñas ajenos, o tatuar y perforar con instrumental no debidamente esterilizado pueden ser factores de riesgo para desarrollar hepatitis B y C, las cuales aumentan la posibilidad de padecer cirrosis hepática y cáncer de hígado. De ahí la importancia de tomar medidas preventivas y detectarlas para obtener mejores resultados en los tratamientos, afirmó José Antonio Velarde Ruiz Velasco, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Civil de Guadalajara (HCG) Fray Antonio Alcalde.

El especialista invitó a la población a sumarse a los esfuerzos de las instituciones de salud y tomar medidas de precaución para no desarrollar o propagar la enfermedad en cualquiera de sus tipos, para alcanzar las metas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de eliminar la hepatitis para el año 2030.

Destacó que, en sintonía con ese objetivo, el HCG emprende campañas de detección, organiza pláticas para informar sobre la hepatitis y es difundida información sobre la importancia de la higiene y lavado de manos.

La hepatitis B puede transmitirse a través del contacto con sangre no segura o con líquidos orgánicos, como saliva, flujos menstruales, vaginales y seminales de una persona infectada. El contagio puede ocurrir también al sufrir una lesión o pinchazo con una aguja u objeto punzocortante, detalló el especialista, al ser entrevistado con motivo del 28 de julio, Día mundial contra la hepatitis.

La hepatitis C puede transmitirse a través del contacto con sangre contaminada. También es factor de riesgo tener relaciones sexuales sin protección con una persona que aloja el virus.

Las personas que tuvieron relaciones sexuales de alto riesgo y transfusiones de sangre no seguras deben realizarse exámenes de sangre para determinar si no están infectados con alguno de estos dos virus.

Todos los tipos de hepatitis virales (los A, B, C, D y E) afectan al hígado, el órgano más grande del cuerpo humano, que pesa en promedio un kilo y medio. Está situado entre las costillas del lado derecho y el abdomen. Es importante porque ayuda a digerir los alimentos y eliminar las toxinas producidas en el cuerpo. Entre sus funciones están: procesar nutrientes, formar hormonas y activar o desechar los medicamentos, y controla las defensas, es decir, la inmunidad del cuerpo. También produce bilis, que después se almacena en la vesícula.

Entre los síntomas se encuentran color amarillo en la piel y los ojos, hinchazón del abdomen, piernas y tobillos, comezón, cambio de color de la orina (oscuro) y excremento pálido, de color alquitrán o con sangre, náuseas o vómitos, pérdida de apetito, tendencia a formar hematomas con facilidad, sangrado de encías. Sin embargo, hay casos de pacientes que sólo se quejan de fatiga.

En México la hepatitis B afecta aproximadamente a menos del 0.3 por ciento de la población. Con respecto a hepatitis C, las cifras reportan que afecta del 0.4 al 0.6 por ciento.

El especialista especificó que del 2000 al 2007 hubo 192 mil 588 casos de hepatitis. De éstos, el 3.3 por ciento fue de la B y 6 por ciento de la C. Alrededor del 80 por ciento fue de tipo A.

En el caso de hepatitis B, el tratamiento es de por vida, para controlar el riesgo de desarrollar cáncer de hígado o cirrosis hepática, que puede complicarse con hemorragias, infecciones graves y acumulación de líquidos.

Explicó que la hepatitis C puede ser tratada con antivirales de acción directa, con duración de ocho a 12 semanas y la efectividad es del 99 al 100 por ciento.

Ambas enfermedades pueden ser prevenidas con práctica de sexo protegido y con transfusiones seguras de sangre.

Es también factor de riesgo compartir agujas con alguien que padezca la enfermedad, ser tatuado o perforado con herramientas usadas en una persona con estos padecimientos, compartir artículos de cuidado personal que puedan haber estado en contacto con la sangre de otra persona enferma, como máquinas de afeitar o cepillos de dientes.

Las otras hepatitis virales
Las hepatitis A y E se transmite por alimentos y agua contaminados. Si una persona está eliminando el virus por el excremento y tiene una mala higiene de manos al preparar alimentos, puede contaminarlos.

Las hepatitis A y E son tratadas con medidas de soporte y vigilancia. Los afectados deben acudir al médico, quien seguirá el desarrollo de la enfermedad para que no aparezcan posibles complicaciones.

Algunas medidas de precaución para no adquirir estos virus, es clorar el agua con la que se lavan frutas y verduras para eliminar los virus, lavarse las manos después de ir al baño y que las personas procuren estar bien hidratadas.

En cuanto al virus causante de la hepatitis D, suele desarrollarse junto al virus de la hepatitis B, y si la persona toma las precauciones para no adquirir la B, no desarrollará el otro tipo.